La Plaza Mayor de Torreón se convirtió en un majestuoso salón al aire libre para celebrar la unión civil de 229 parejas que compartieron momentos llenos de nerviosismo, alegría contenida, lágrimas emotivas y abrazos sinceros. Cada pareja trajo consigo historias únicas y tiempos distintos, pero con un objetivo común: formalizar legalmente un vínculo cimentado en el amor y el compromiso mutuo.
Saúl Monreal López y Griselda Araceli Reyes representan una de estas historias que refleja la madurez y el tiempo; tras 18 años juntos, decidieron consolidar su relación con el matrimonio civil. Se conocieron en el ambiente laboral, donde compartieron no solo proyectos, sino también retos y sueños, y con el paso de los años forjaron un hogar con tres hijos. Para ellos, la boda fue una reafirmación tranquila y decidida, más allá de un impulso momentáneo.
La pareja llegó de la mano, con serenidad y convicción, conscientes de que su relación es ahora más sólida y madura. “No estamos cambiando lo que somos, sino que ahora tenemos todo en orden, por nosotros y por nuestros hijos”, explicaron a La Raza Media. Su experiencia refleja también la facilidad que encontraron en el proceso, el cual consideran rápido y eficiente, como comentaron orgullosos vecinos del fraccionamiento Las Aves, quienes concluyeron todos los trámites en tan solo dos días.
Diez años de amor que ahora tiene respaldo legal
La historia de María Guadalupe Herrera y Edgar Antonio Delgado destaca la constancia que han mantenido durante una década juntos. Con dos hijos y una vida compartida, tomaron la decisión de formalizar su unión al enterarse de la convocatoria para bodas comunitarias. Para ellos, este paso fue natural y significativo, pues representa el reconocimiento legal a un amor que ya existe y ha prosperado junto a su familia.
La ceremonia, aunque enmarcada dentro de una gran celebración colectiva, fue vivida con intimidad y emotividad por la pareja. Consideran que el matrimonio es un cierre y a la vez un nuevo comienzo, fruto del compromiso y la construcción de un hogar sólido antes que el simple acto legal.
El amor joven que decidió no esperar
Entre las parejas unidas también hubo historias recientes, como la de Ana Valeria y Aurora, quienes después de un año de relación y viviendo juntas, decidieron aprovechar esta oportunidad que vieron anunciada en redes sociales para formalizar su compromiso. Para ellas, estas bodas comunitarias significan inclusión, respeto y apoyo a distintas formas de amor.
“Nos enteramos en Facebook y dijimos: aprovechémoslo”, compartieron con una sonrisa tímida. Invitaron a sus padres y prefirieron dejar la celebración con una gran fiesta para más adelante, adelantando que será en julio. Por el momento, lo más importante es el compromiso legal, mientras que la celebración seguirá su tiempo propio.
Un acto de familia y comunidad
Las 229 parejas estuvieron acompañadas por autoridades tanto estatales como municipales, con la presencia significativa de Liliana Salinas Valdés, presidenta honoraria del DIF Coahuila, como madrina de honor. El alcalde Román Alberto Cepeda y Selina Bremer de Cepeda, presidenta honoraria del DIF Torreón, fungieron como testigos en esta emotiva ceremonia.
Selina Bremer subrayó que el matrimonio no solo brinda certeza jurídica, sino que fortalece la familia y contribuye a la estabilidad del tejido social. “El matrimonio es mucho más que firmar un papel; implica construir juntos un proyecto de vida y apoyarse mutuamente día a día”, expresó con convicción.
Por su parte, el alcalde Román Alberto Cepeda resaltó el sentido de compromiso, responsabilidad y comunidad que este evento simboliza. Señaló que en la Plaza Mayor se congregaron personas con edades que abarcaban desde los 18 hasta los 72 años, algunas con más de 40 años de unión. “Ningún héroe es solitario. Lo que somos como ciudad se edifica con familias unidas”, afirmó, reconociendo que este evento es un reflejo del rumbo que toman Torreón y Coahuila.
Celebración, alegría y un nuevo comienzo
Al caer la noche, el ambiente solemne dio paso a la alegría y la fiesta. Un brindis colectivo, la cena y la música en vivo animaron a las parejas y sus familiares, quienes bailaron, rieron y capturaron momentos para recordar un día especial que va más allá de un simple acta. Fue un evento que quedó grabado en la memoria como símbolo de unidad, esperanza y la fuerza de caminar juntos.
La Plaza Mayor no solo fue un escenario, sino un testigo de historias de amor duraderas, pasiones jóvenes y decisiones firmes. En este lugar, 229 veces se pronunció un ‘sí’ que reafirman la confianza en la fortaleza del lazo familiar y comunitario que sostiene a Torreón.