El Río Tula enfrenta niveles preocupantes de contaminación, y aunque las descargas de aguas residuales provenientes del Valle de México a través de los túneles Emisor Oriente (TEO) y Emisor Central (TEC) representan una fuente contaminante, no constituyen la principal causa de la afectación ambiental. El principal problema radica en las descargas directas que se realizan en el municipio de Tula, Hidalgo, según explicó el titular de la Comisión Estatal de Agua y Alcantarillado (CEAA), Juan Carlos Chávez González.
De acuerdo con el funcionario, la razón fundamental de que las descargas desde el Valle de México tengan un menor impacto es el tratamiento previo que reciben en la Planta de Tratamiento de Aguas Residuales (PTAR) de Atotonilco de Tula. En contraste, las aguas residuales generadas dentro del territorio hidalguense ingresan al río sin ningún tratamiento, incrementando significativamente el deterioro ambiental y afectando especialmente a los municipios de Tula, Atitalaquia y Atotonilco de Tula.
Para enfrentar esta problemática, la CEAA está desarrollando un ambicioso proyecto de infraestructura hidráulica que contempla la construcción de una red de colectores que superan los 5.1 kilómetros de longitud. Esta obra cuenta con una inversión aproximada de más de 355 millones de pesos destinada a transportar casi 346.16 litros por segundo de aguas residuales hacia la Planta de Tratamiento ubicada en la Central Termoeléctrica “Francisco Pérez Ríos”, operada por la Comisión Federal de Electricidad (CFE).
El plan se divide en tres tramos estratégicos: el primero en Tula, donde se captarán las aguas residuales de 10 descargas principales y 50 secundarias para un volumen estimado de 167.98 litros por segundo. Por otro lado, en Atitalaquia y Atotonilco de Tula se recogerán los líquidos de cinco descargas principales y 20 secundarias, sumando 178.18 litros por segundo. En conjunto, estos esfuerzos permitirán retirar una cantidad significativa de contaminantes que actualmente se vierten directamente al río.
En términos de avances, Juan Carlos Chávez detalló que para 2026 la CEAA se concentra en finalizar el tramo correspondiente a Tula, que ya muestra un avance del 35%, con una inversión de 75 millones de pesos destinada principalmente a la rehabilitación de tramos sin revestir y al subcolector Río Rosas. Asimismo, se proyectan invertir más de 280 millones de pesos para concluir el tramo que comprende Atitalaquia y Atotonilco, buscando aumentar la captación y tratamiento de las aguas residuales en esa región.
El funcionario también destacó que se espera un plazo aproximado de tres meses para la conclusión de estos trabajos en el tramo de Tula. Sin embargo, puntualizó que aún se carece de un calendario definido para medir los resultados efectivos en la reducción de la contaminación del río, ya que actualmente no se disponen de cifras concretas que comparen el impacto de las descargas del TEC y TEO con las provenientes del municipio de Tula en Hidalgo.
«La zona de Tula es donde se registra la mayor contaminación. Solo cuando los colectores estén plenamente operativos podremos observar una reducción significativa. Actualmente estamos en la fase de ejecución en Tula con un avance del 35%. No se podía intervenir directamente en el río debido a los niveles elevados de agua, pero se desviará el flujo hacia un canal gestionado por la Comisión Nacional del Agua (Conagua), lo que reducirá el volumen en el río. Tenemos programado concluir esta fase en tres meses, para posteriormente intervenir en Atitalaquia y Atotonilco. Aunque aún no contamos con un plazo concreto, mantenemos mesas de trabajo y mediciones constantes para verificar que las acciones efectivamente mitiguen la contaminación en este cuerpo hídrico», aseguró Chávez González.
Este proyecto no solo representa un esfuerzo técnico y financiero considerable, sino que también es vital para la recuperación ecológica y ambiental de una cuenca que sustenta comunidades y actividades productivas. La contaminación prolongada afecta la calidad del agua, la biodiversidad y la salud pública, por lo que la intervención adecuada y continua es urgente.
Finalmente, la coordinación entre autoridades locales, estatales y la CFE es crucial para continuar avanzando en estas acciones de saneamiento. La expectativa es que, al concretarse estas obras, se logre una mejora tangible en la calidad del agua del Río Tula, beneficiando tanto al medio ambiente como a la población que depende de este recurso. La situación es desafiante, pero con un enfoque integrado y comprometido, se vislumbra un camino hacia un río más limpio y sostenible.