La Fiscalía de Guanajuato cometió un grave error al entregar el cuerpo de un joven a una familia que llevaba meses buscando a su hijo desaparecido, para descubrir al día siguiente que la persona supuestamente fallecida y sepultada había regresado sana y salva a su hogar. Este caso ha generado conmoción y cuestionamientos respecto a los procedimientos y protocolos en el manejo de cuerpos y certificación de defunciones.
La familia de Alberto, un joven de 17 años originario de Salamanca, había solicitado incansablemente la devolución de su hijo desde que desapareció hace más de diez días. Tras la presión constante, incluida la intervención de Derechos Humanos, la Fiscalía finalmente entregó un cuerpo que habían trasladado de un panteón en Irapuato a otro en Valle de Santiago. Sin embargo, sólo un día después, Alberto volvió por su propio pie a casa, revelando un monumental error en la identificación del cadáver.
El 3 de julio de 2025 fue encontrado el cuerpo descuartizado de un menor en la carretera que conecta Valle de Santiago con Uriangato, cerca de la comunidad Jahuique. Este cadáver fue llevado al Servicio Médico Forense (SEMEFO). Por esos días, Guadalupe Razo, madre de Alberto, había denunciado su desaparición, explicando que aunque su hijo solía escaparse por sus problemas mentales, nunca se ausentaba tanto tiempo. Poco tiempo después, Guadalupe fue contactada por la Fiscalía para identificar un cuerpo, que ella creyó era el de su hijo debido a las similitudes evidentes.
«Era sorprendentemente parecido a mi hijo y lo identifiqué, aunque estaba en partes y sin tatuajes. Les dije que si era mi hijo me entregaran el cuerpo, no me hicieron pruebas de laboratorio y así lo acepté, lo sepultamos en Irapuato», explicó Guadalupe con pesar.
Un inesperado regreso a casa
Sorprendentemente, apenas un día tras el entierro, un conocido de la familia le informó a Guadalupe que Alberto estaba vivo y había sido visto en una comunidad cercana. Al siguiente día, el joven regresó a su hogar, dejando a la familia y a la comunidad consternados por el dolor y la confusión ocasionados por la equivocación.
«Cuando enterramos a mi hijo, un conocido me dijo que la persona que habíamos sepultado no era mi Alberto, porque él estaba vivo y lo habían visto en Aldana. Al principio no lo creí, pero al día siguiente lo vi con mis propios ojos, no podía creer lo que había pasado, todo el sufrimiento y los gastos que enfrentamos», manifestó el padre, Víctor Razo, con emoción.
Tras este acontecimiento, Guadalupe notificó a la Fiscalía, pero aunque le prometieron informarle sobre las acciones a seguir, pasaron meses sin que se resolviera nada. La familia comenzó los procedimientos para anular el certificado de defunción y reactivar los documentos oficiales de Alberto, como su CURP y acta de nacimiento.
Confusión con otro joven desaparecido
Simultáneamente, otro adolescente de 17 años, Francisco Martínez Pallares, originario de Valle de Santiago, fue reportado como desaparecido. Su madre identificó fotografías del cuerpo entregado, reconociendo la vestimenta y una cicatriz particular en su pierna, pero la Fiscalía desestimó sus reclamos, señalando que el cuerpo ya había sido reclamado y sepultado por otra familia.
«Lo reconocí claramente por el bóxer que llevaba, el short y la cicatriz en la pierna. Vi las fotos en el SEMEFO y no tuve duda alguna de que era mi hijo», aseguró María Pallares con firmeza.
A pesar de las claras evidencias, la Fiscalía ignoró las solicitudes de María. Fue gracias al apoyo de un grupo de madres buscadoras y a la intervención de Derechos Humanos que finalmente se lograron pruebas genéticas que confirmaron que el cuerpo pertenecía a Francisco, cerrando un prolongado doloroso proceso.
«Tuvimos que acudir a Derechos Humanos porque nos daban vueltas y decían que él había sido llevado por un tercero. Gracias a la ayuda de las madres buscadoras y asesoría legal pudimos avanzar», explicó María Pallares, quien afirmó que finalmente lograron sepultar dignamente a su hijo en Valle de Santiago después de tanto sufrimiento.
Casos similares en Guanajuato evidencian problemas en la Fiscalía
La Raza Media solicitó una versión oficial a la Fiscalía sobre este caso, pero no obtuvo respuesta alguna. No es la primera vez que se presentan errores en la entrega de cuerpos en Guanajuato. El año anterior, Teresa Marmolejo vivió una situación parecida cuando se le entregó erróneamente un cuerpo que no era el de su hija Dulce, desaparecida en 2020 y localizada en una fosa clandestina en Apaseo el Grande.
Tras recibir finalmente el cuerpo correcto meses después, Teresa presentó una queja formal ante Derechos Humanos debido al sufrimiento y maltrato que enfrentó durante este proceso. Aunque inicialmente la Fiscalía rechazó cumplir las recomendaciones emitidas, posteriormente reconoció su error y aceptó la recomendación correspondiente.
«En el caso de la señora Teresa Marmolejo, se inició una queja por la confusión en la entrega de los restos de su hija Dulce. Se emitió una recomendación que la Fiscalía finalmente aceptó», señaló Karla Alcaraz Olvera, procuradora de Derechos Humanos de Guanajuato.
Estos casos subrayan la urgente necesidad de mejorar los protocolos forenses y administrativos para evitar errores que causen sufrimiento adicional a las familias en duelo, reafirmando la importancia de la transparencia y la responsabilidad institucional en Guanajuato.