Mike Reeves, residente de Cambria desde hace aproximadamente 15 años junto a su esposa Linda, se encuentra actualmente a miles de kilómetros en Irak, un país donde las tensiones se han intensificado debido a ataques dirigidos por Irán tras acciones militares de Estados Unidos e Israel.
Desde 2006, Reeves ha trabajado en diversos proyectos en Irak, y su regreso más reciente fue en septiembre. Su labor se centra en la reconstrucción de plantas de energía después de que el gobierno realiza explosiones para demoler infraestructuras dañadas o antiguas. Explica que es contratado por la Fuerza de Tarea para Operaciones Empresariales y de Estabilidad (TFBSO), el Pentágono o entidades privadas para llevar a cabo estas tareas.
En una conversación la mañana del viernes, Reeves relató desde la zona cercana a Erbil que los ataques con cohetes son frecuentes, calificándolos como «una ocurrencia diaria». Su guardia de seguridad, Aoqyb Surchi, agregó que la constante presencia de bombas y cohetes genera un sentimiento de preocupación permanente al despertar cada día.
Recientemente, una base del Ejército y el Aeropuerto Internacional de Erbil fueron blanco de ataques, además de uno de los proyectos en los que Reeves estaba trabajando. Estos ataques deterioraron significativamente las obras que estaban en curso, interrumpiendo el trabajo realizado hasta hace apenas unos días.
Reeves destaca también la perspectiva humana del conflicto, remarcando que para los niños locales la guerra parece una normalidad. Los ve jugando fútbol mientras las bombas y cohetes pasan sobre sus cabezas, una imagen que pocas veces captan los medios de comunicación.
A pesar de la incertidumbre sobre el futuro, Reeves está determinado a culminar los proyectos en los que participa. Aunque aún no tiene planes inmediatos para regresar a Cambria, mantiene un contacto constante con su comunidad a través de la red social Nextdoor, donde sigue las noticias y recibe el apoyo de sus vecinos, sintiendo así que permanece cerca de su hogar a pesar de la distancia.