Aldo Gutiérrez Solano ha permanecido en estado crítico durante más de once años después de recibir un disparo en la cabeza durante el ataque ocurrido la noche del 26 de septiembre de 2014, un evento que marcó profundamente la tragedia de Ayotzinapa. Su caso continúa siendo un reflejo del dolor y la lucha constante de las familias afectadas por esta tragedia. Recientemente, se ha informado sobre su traslado a un hospital en Chilpancingo, en un esfuerzo por mejorar la atención médica que recibe.
¿Quién es Aldo Gutiérrez Solano?
Aldo Gutiérrez Solano era un joven normalista de apenas 19 años cuando fue gravemente herido. Inició su atención en el Hospital General del municipio donde ocurrió la agresión, para luego ser trasladado al Instituto Nacional de Neurología y Neurocirugía en Ciudad de México, allí permaneció internado durante un año y medio debido a la gravedad de su estado. Su condición, un coma profundo producto del disparo, ha requerido cuidados intensivos y constantes desde entonces.
Proveniente de una familia numerosa, Aldo es el décimo de catorce hermanos. Ocho de sus hermanos desempeñan un papel crucial asumiendo guardias constantes para cuidarlo. Sin embargo, aunque la Comisión Ejecutiva de Atención a Víctimas (CEAV) cubre parte de los gastos, la familia ha manifestado que esta ayuda no es suficiente para cubrir las enormes demandas económicas que implica su cuidado.
«La ayuda económica que recibimos sí existe, pero cada uno tiene su propia familia y para dedicarnos a cuidar a mi hermano debemos dejar de trabajar. Además, es necesario dejar dinero para sostener a la familia que queda. Aquí pasamos una semana cuidándolo y cuando volvemos a casa nos vemos obligados a retomar nuestras labores sin poder llegar con las manos vacías», explica con pesar su hermano Leonel Gutiérrez.
Los padres de Aldo participan activamente en las movilizaciones junto con familiares de los 43 normalistas desaparecidos de Ayotzinapa. Sin embargo, esta constante actividad les está pasando factura física y emocionalmente, pues las noches en vela, los viajes frecuentes y el estrés les están afectando la salud de manera considerable.
«Con lo que ha pasado con mi hijo, mi diabetes se ha complicado mucho. También sufro dolores en la cadera y en los huesos que no me permiten descansar, pero hacemos todo lo posible por estar presentes para exigir justicia por nuestro hijo», comenta su madre, Gloria Solano, mostrando la fortaleza y compromiso que impulsa a las familias en esta lucha.
Un punto relevante es la sensación de exclusión que expresan algunas familias respecto a los avances en la investigación. A través de medios de comunicación, han sabido detalles sobre el proceso, lo cual ha generado reclamos hacia las autoridades encargadas, como la Comisión de la Verdad y Acceso a la Justicia y la Fiscalía General de la República, por no mantenerlos suficientemente informados ni involucrados en el desarrollo de las indagatorias.
El traslado de Aldo a un hospital en Chilpancingo representa un paso importante en la atención de su salud, apuntando a una mejora en las condiciones médicas y en la calidad de su cuidado. Mientras tanto, la familia continúa enfrentando los enormes desafíos emocionales, económicos y físicos derivados de este prolongado estado crítico.
En el horizonte, la exigencia sigue siendo clara: justicia para Aldo y para todos los estudiantes afectados por los trágicos sucesos de Ayotzinapa. La persistencia de sus familiares y la comunidad en general mantiene viva la esperanza y el reclamo de verdad, reparación y garantías para que hechos similares no se repitan.