El gobierno de Río de Janeiro adoptó un enfoque proactivo para atender a las personas en situación de calle con problemas de adicción, desplazándose directamente a los territorios donde habitan y brindándoles acompañamiento continuo a través de brigadas de salud. Esta estrategia innovadora ha marcado un antes y después en la atención al consumo problemático de sustancias en contextos de alta vulnerabilidad social.
Gracias a esta intervención, la ciudad logró que 873 personas dejaran la calle, 138 accedieran a empleos formales y un total de 8,153 recibieran seguimiento directo por parte del sistema sanitario, consolidándose como uno de los modelos más avanzados y humanitarios en la gestión del consumo de drogas.
El panorama del consumo en la calle está dominado principalmente por sustancias como el alcohol, el tabaco, la marihuana, la cocaína y sus derivados. Sin embargo, los solventes volátiles representan un riesgo inmediato y grave de muerte para las personas en situación de calle. Este fenómeno fue abordado y destacado en el marco de la Cumbre de Ciudades Saludables celebrada en Río de Janeiro, donde expertos compartieron sus diagnósticos y estrategias de intervención.
Durante la cumbre, el superintendente de Salud Mental de Río de Janeiro, Hugo Fagundes, resaltó la gravedad del consumo de solventes, afirmando que, aunque se enfrentan principalmente al consumo problemático de alcohol, tabaco, marihuana y cocaína, son los solventes volátiles los que presentan los mayores riesgos para la vida de esta población vulnerable.
Los equipos de salud realizan mapeos y recorridos constantes en calles, plazas y zonas de alta vulnerabilidad, identificando individualmente a cada persona y generando un historial clínico y social que se integra en un sistema electrónico que permite un seguimiento permanente y detallado. Este método facilita intervenciones calibradas y personalizadas que incrementan significativamente la eficacia de la atención.
Fagundes explicó que el registro electrónico no solo sirve para localizar a las personas, sino también para comprender patrones de consumo, tendencias combinatorias de sustancias y riesgos específicos asociados. En este sentido, el programa ha realizado desde diciembre de 2023 más de 200,392 acciones directas de salud dirigidas a más de 8,000 personas en situación de calle, demostrando la intensidad y constancia de esta presencia en el territorio.
Las unidades de Centros de Atención Psicosocial funcionan como el eje operativo del sistema, donde además de atender crisis agudas, se crean procesos de acompañamiento a largo plazo. Estos centros funcionan con un modelo multiprofesional que sostiene a las personas dentro de la red hasta que logran estabilizar su vida social, laboral y emocional, dando seguimiento continuo y adaptado a sus necesidades.
El modelo se diferencia de los albergues tradicionales pues no está basado en la rotación rápida, sino en estabilizar y reorganizar la vida de cada individuo. Además, se han instalado puntos de atención en la calle con infraestructura básica, como duchas, baños y agua potable, que generan el primer vínculo entre la población en situación de calle y los equipos de salud. Durante una ola de calor extrema, esta estrategia tuvo un punto de quiebre cuando se instalaron puntos de apoyo con servicios básicos y atención médica, lo que motivó que muchas personas se acercaran repetidamente en busca de ayuda y cuidados básicos.
Este acercamiento permitió comprender que la mayoría de las personas no rechaza la ayuda, sino que enfrentan barreras estructurales para acceder a ella. Por ello, el modelo de atención se basa en un enfoque de reducción de daños, sin exigir la abstinencia como condición para recibir apoyo. Según Fagundes, esta flexibilidad y aceptación han sido clave para crear confianza y ofrecer un entorno menos violento y más humano para quienes enfrentan el consumo problemático.
La red incluye 40 centros de atención psicosocial, con al menos siete operando 24/7, además de servicios residenciales terapéuticos y equipos móviles que recorren el territorio. El acompañamiento se extiende más allá de la salud e incluye la gestión de identidad legal, acceso a programas sociales, vivienda y la reconstrucción de la rutina y vida cotidiana.
Un elemento fundamental del programa es el plan de reinserción con apoyo económico, que proporciona un puente real entre la calle y la vida autónoma. Este programa ofrece a las personas un ingreso remunerado inicial de mil reales mensuales durante tres meses y una etapa posterior con 1,500 reales, condicionada a que renten un lugar para vivir, promoviendo un equilibrio entre apoyo económico, responsabilidad y seguimiento institucional.
Resultados del programa
Los éxitos del programa se reflejan en cifras concretas: más de 2,000 personas han ingresado a los programas de apoyo económico, de las cuales 873 han salido de la calle y 138 han conseguido empleo formal con seguimiento institucional. Además, el 42.21% de los participantes ha accedido a una vivienda, mientras que la red de unidades de acogimiento mantiene una alta ocupación del 92.88%, demostrando capacidad de respuesta y demanda constante.
Asimismo, 6,095 personas han participado en programas específicos de atención, y 5,414 han recibido servicios de acogimiento, integrando un sistema que articula salud, apoyo social y territorio. Esta realidad muestra un perfil diferente al de otros países, con una baja prevalencia en el uso de opiáceos o drogas inyectables, aunque se reconoce la amenaza potencial de su llegada.
Fagundes enfatiza que este modelo implica un cambio de paradigma al dejar de tratar el consumo problemático como un asunto de seguridad o únicamente clínico, reconociéndolo como un fenómeno social complejo que exige presencia directa en las calles, conocimiento profundo del consumo real y acompañamiento integral para reconstruir vidas.
Este enfoque pone especial atención en la población más vulnerable, con extrema pobreza, problemas de salud mental y enfermedades degenerativas, ofreciendo así una oportunidad integral de reinserción social.
De la calle a recuperar su vida
Un ejemplo profundamente emotivo de la efectividad del programa es el caso de Leonor Miranda, una mujer de 55 años que perdió su hogar a raíz de la crisis familiar desencadenada por el consumo de drogas de su hijo. Durante cuatro meses vivió en la calle sin consumir sustancias, pero sin alternativas para salir de esa situación.
Su vida cambió cuando fue identificada por las brigadas de salud que recorren la ciudad. Leonor recuerda con emoción cómo le dijeron: “Tú no eres de la calle, yo te voy a ayudar”, iniciando así un proceso sostenido de acompañamiento y apoyo en el Centro de Atención Psicosocial ‘Carolina María de Jesús’.
Con el tiempo, Leonor no solo recibió cuidado sino que colaboró activamente dentro del centro y, gracias a un esfuerzo constante, logró obtener un empleo en una clínica familiar. Actualmente, está pagando su propia casa y ha logrado reconstruir la estabilidad que creía perdida.
Además, la intervención tuvo un impacto directo en su familia, porque su hijo, después de vivir también en la calle, solicitó ayuda y actualmente está en rehabilitación, apoyado por su familia.
Hoy, Leonor representa un testimonio inspirador de resiliencia y recuperación, mostrando cómo un enfoque integral y humano puede transformar vidas y reafirmar la dignidad de quienes enfrentan las adicciones y la exclusión social.