En una sociedad marcada por la diversidad y la transformación social, el catolicismo continúa siendo la religión predominante en la región de La Laguna, específicamente en Torreón y Coahuila, según revela el Censo 2020 del INEGI. Sin embargo, se perfila una tendencia evidente de creciente desvinculación religiosa, sobre todo entre los sectores jóvenes de la población, evidenciando un cambio en la manera de vivir y expresar la fe.
Lucy Vázquez Hernández, responsable de indicadores sociodemográficos en el Instituto Municipal de Planeación (IMPLAN) de Torreón, destaca que el análisis de datos a nivel municipal agrupa a la población en cuatro categorías principales: católicos, cristianos, personas sin religión y otras religiones. Al respecto, el catolicismo agrupa el 58.8% de la población en Torreón, consolidándose como la fe mayoritaria, seguida por el cristianismo con el 11.4%, que incluye múltiples denominaciones como protestantes, evangélicos y pentecostales, entre otros.
Este amplio espectro cristiano abarca también agrupaciones diversas incluyendo la Iglesia de Dios Vivo, La Luz del Mundo y la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, reflejando la pluralidad existente dentro del marco del cristianismo en la región. A nivel estatal, se mantiene una tendencia similar, donde más de 3.1 millones de habitantes conviven en Coahuila, aproximadamente 2.3 millones reconocen ser católicos, mientras que cerca de 299 mil personas pertenecen a alguna denominación cristiana, lo que evidencia una diferencia significativa entre ambos grupos.
En cuanto a otras religiones, su representación es marginal, pues solo el 0.1% en Torreón se adscriben a una fe distinta del catolicismo o el cristianismo; a nivel estatal, apenas 453 personas declararon su afiliación a la religión judía. Aunque La Laguna muestra mayor apertura a diversas creencias y formas de pensamiento, el catolicismo mantiene su posición predominante con una diferencia clara respecto a otras confesiones y los que no profesan ninguna religión.
Según Vázquez Hernández, estos datos reflejan que, pese a las transformaciones sociales en curso, la identidad religiosa tradicional continúa siendo relevante en la vida de los habitantes de La Laguna, pero se manifiesta con nuevas expresiones y particularidades, especialmente en generaciones más jóvenes.
Jóvenes: entre la fe y el distanciamiento religioso
Uno de los hallazgos más significativos es la distribución por grupos de edad, donde el segmento más numeroso de personas sin afiliación religiosa corresponde a los jóvenes entre 15 y 29 años, seguido por el grupo de 30 a 44 años. No obstante, esto no implica que haya un abandono absoluto de la religión, puesto que en ese rango etario más de medio millón de individuos aún se identifican como católicos.
Como explica Vázquez Hernández: «Es posible que no practiquen la fe con la misma regularidad que antes, como asistir a misa todos los domingos, pero conservan una identificación cultural o valores vinculados a su religión». En Torreón, el 8.4% de la población reconoce no tener religión, un indicador que, aunque minoritario respecto a la mayoría creyente, denota cambios generacionales en la vivencia espiritual.
En las últimas cuatro décadas, la región lagunera ha experimentado un proceso significativo de cambio en las formas de identificación religiosa. La proporción de personas que no se consideran creyentes creció del 3% en 1980 al 9% en 2020. Luis Alfredo Medina, coordinador de Investigación del Consejo Cívico de las Instituciones (CCI), señala que este análisis abarca municipios como Torreón, Gómez Palacio, Lerdo y Matamoros, sustentado en datos censales casa por casa, considerados los más precisos para estudios sociodemográficos.
Medina destaca: «El aumento de la población no creyente es particularmente notable y la tendencia apunta a un crecimiento continuo; para 2030 podría situarse entre el 12 y el 15 por ciento». Este fenómeno se vincula directamente con las nuevas generaciones, quienes exhiben estilos de vida y prioridades distintas a las de generaciones antiguas.
La explicación apunta a que «mucho del estilo de vida del joven actual se enfoca en lo inmediato, en sus experiencias presentes, por lo que la religión suele quedar en un segundo plano al no representar un interés central». Sin embargo, esta dinámica no es permanente, pues al avanzar en edad, la religión puede cobrar mayor significado como respuesta a eventos como pérdidas familiares, enfermedades o crisis personales, brindando apoyo espiritual y emocional.
Este cambio en la práctica y percepción religiosa en La Laguna no es un hecho aislado, sino parte de una transformación más global que también afecta a otras regiones, especialmente en Europa. Medina anota que «en países europeos, principalmente del norte, muchas iglesias han dejado de funcionar como espacios religiosos para convertirse en museos o bibliotecas debido a la disminución de fieles». Factores como educación, urbanización y el acceso a la información están modificando la relación entre sociedad y religión.
Además, el contexto social influye: en La Laguna, perteneciente al norte del país, el estilo acelerado de vida y las dinámicas laborales reducen la participación religiosa. En contraste, en las regiones del sur de México, donde la cohesión social y el arraigo tradicional son más fuertes, la religión sigue teniendo una presencia mucho más marcada en la vida cotidiana. «Donde hay estilos de vida comunitarios, existe mayor cercanía a las creencias religiosas, pero en sociedades más individualistas, la vida religiosa activa es menos común», advierte Medina.
Esta situación socio-cultural también incide en la transmisión de valores religiosos, dado que en muchas familias los abuelos son quienes mantienen viva la influencia espiritual, mientras que la participación de padres resulta más limitada. Este panorama refleja a una sociedad en transformación donde la religión, aunque con retos evidentes, conserva un rol significativo.
Será esencial darle seguimiento a estos cambios mediante futuros censos para comprender la evolución y dirección de la identidad y vida social en la región lagunera, según coinciden expertos.
Desafíos en la participación juvenil en la Iglesia Católica
Luis Martín Lugo Cervantes, sacerdote de la parroquia de Guadalupe en Lerdo, reconoce una disminución notable en la transmisión de la fe dentro de las familias. «El problema no es que no haya jóvenes en la Iglesia, pues sí hay, aunque no en gran cantidad», señala. Aunque existen grupos de pastoral juvenil y movimientos apostólicos en las diócesis, la convocatoria masiva sigue siendo un reto.
El sacerdote atribuye este fenómeno principalmente a la transformación familiar: «Las nuevas generaciones de padres, formados en entornos alejados de la educación religiosa, no transmiten la fe a sus hijos». Por eso, observa que «en muchos casos, son los abuelos quienes inculcan los valores religiosos, mientras la participación de los padres es mínima».
Durante momentos significativos como la Semana Santa, la afluencia juvenil se incrementa especialmente en actividades devocionales como el Viacrucis o representaciones de la Pasión de Cristo. No obstante, en ceremonias litúrgicas formales, la asistencia juvenil continúa siendo baja.
Adicionalmente, el ritmo de vida actual también afecta la participación religiosa: las exigencias laborales, la necesidad de generar ingresos y la constante búsqueda de entretenimiento o descanso durante vacaciones desplazan el interés por la práctica religiosa.
Ante este escenario, la Iglesia redefine su acercamiento, buscando conectar genuinamente con los jóvenes más allá de la doctrina, dialogando con sus inquietudes más profundas. Lugo Cervantes explica: «Es vital hablarle al joven sobre quién es y cuál es su propósito en la vida, temas clave en una generación que enfrenta crisis de identidad y desafíos como la depresión o incluso el suicidio».
Temas contemporáneos como el cuidado del medio ambiente también se han convertido en una vía efectiva para atraer el interés juvenil, pues muchas nuevas generaciones se identifican con esa causa.
El reto de la inmediatez en la espiritualidad
Otro de los obstáculos más evidentes es la cultura de la inmediatez, que caracteriza a los jóvenes, quienes buscan soluciones rápidas y evitan procesos que requieren esfuerzo y disciplina. «Se ha perdido la comprensión del sacrificio como parte natural de la vida, pero el sufrimiento y el esfuerzo son realidades inevitables que debemos aprender a enfrentar», afirma Lugo Cervantes.
El sacerdote enfatiza que la solución no es responsabilidad exclusiva de la Iglesia, sino que requiere un esfuerzo conjunto entre la familia, las instituciones educativas y el gobierno. «El ser humano posee una dimensión espiritual que no debe ser ignorada, por ello todos debemos contribuir a la formación integral de la juventud».
Finalmente, resalta que el testimonio personal sigue siendo la herramienta más poderosa para acercar a las nuevas generaciones a la fe y a una vida espiritual significativa.