El sur de Tamaulipas alberga algunos de los humedales más significativos y valiosos del estado, ecosistemas fundamentales para mantener la biodiversidad, regular los ciclos del agua y ofrecer protección contra inundaciones. Sin embargo, estos ecosistemas están en un estado alarmante de vulnerabilidad debido a la pérdida acelerada de su superficie, contaminación creciente y falta de apoyo institucional, situación que preocupa profundamente a ambientalistas y expertos, tal como ha reportado La Raza Media.
A pesar de que estos humedales cumplen con múltiples criterios ecológicos indispensables, las áreas de la zona conurbada no han logrado obtener la clasificación de sitio Ramsar, el reconocimiento internacional más alto para áreas naturales protegidas, ni cuentan con una declaratoria nacional. Esta carencia de reconocimiento oficial los expone a serios riesgos estructurales, limitándolos en el acceso a recursos para su conservación y vigilancia efectiva.
Esta ausencia de protección formal también implica que no se puede acceder a mecanismos esenciales de conservación ni financiamiento especial. Esto ha provocado que la degradación y contaminación de estos ecosistemas avancen en silencio pero de forma sostenida en Tampico, Ciudad Madero y Altamira, configurando un escenario ecológico muy preocupante para la región.
Los humedales, según la Convención Ramsar, son zonas de transición entre ecosistemas terrestres y acuáticos, caracterizadas por inundaciones temporales o permanentes y una relación intrínseca con las especies que los habitan. Estos espacios no sólo son hábitats vitales sino también reguladores ambientales que deben ser preservados con suma prioridad.
Ejemplos emblemáticos de esta problemática son humedales como la Laguna del Carpintero, ubicada en el centro urbano de Tampico; La Vega Escondida, en la Casa de la Naturaleza; y los sistemas vinculados a las marismas y cordón litoral de Altamira. Ninguno de estos cuenta con declaraciones nacionales o internacionales que les garantice protección adecuada, lo que limita las gestiones para protegerlos de forma efectiva.
Respecto a La Vega Escondida, el ambientalista José Luis León Hurtado, quien encabezó un grupo dedicado a cumplir los requisitos para su reconocimiento oficial, explica que los trámites para incorporarla al Sistema Nacional de Áreas Naturales Protegidas y posteriormente como sitio Ramsar quedaron inconclusos. «Nos solicitaron datos específicos sobre fauna y flora del humedal para Conanp y Ramsar. Biólogos de Seduma se involucraron durante la administración pasada y, hace un año, en una reunión con la nueva secretaria de Medio Ambiente, me informaron que el trabajo aún continúa», detalló.
El activista enfatiza que es imperativo retomar estas gestiones con celeridad, pero primero es necesario cumplir los lineamientos técnicos exigidos. «El proceso que se inició quedó incompleto y urge reactivarlo. Hacemos un llamado a la Seduma para que entregue los estudios pendientes luego del cambio de gobierno», añadió.
Además, apuntó que la intención es expandir la declaratoria nacional e internacional a todo el sistema lagunario, del cual forma parte La Vega Escondida. No obstante, el plan es comenzar por esta última, que representa unas 1,275 hectáreas de un total aproximado de 42,750 hectáreas del sistema completo. Este humedal urbano cumple la función crucial de regular el agua en una zona particularmente propensa a inundaciones, además de ser refugio de diversas especies y espacio fundamental para la educación ambiental en una ciudad marcada por la presión del crecimiento urbano desordenado.
Para avanzar en la protección, se requieren estudios técnicos detallados, delimitación precisa del área, claridad en la tenencia de tierras y un plan integral de manejo, aspectos que aún no se han desarrollado con continuidad. Cada cambio de administración ha diluido el impulso en este tema, lo que agrava la situación.
Solo dos sitios Ramsar en Tamaulipas
Aunque México se distingue por contar con 144 sitios Ramsar reconocidos internacionalmente, Tamaulipas apenas dispone de dos: la Laguna Madre y la playa tortuguera Rancho Nuevo. La primera es un vaso hipersalino de gran extensión, vital para aves migratorias; la segunda es un refugio esencial para la tortuga lora, especie endémica.
La Laguna Madre destaca como el vaso salino más grande del mundo y el cuerpo de agua más extenso del país, con sus 240 mil hectáreas ubicadas en el Golfo de México, cerca de la frontera con Texas. Rodeada por una barrera natural de arena de 223 kilómetros, sustenta a 144 especies diferentes de aves acuáticas y cubre municipios clave como Matamoros, San Fernando y Soto la Marina.
Por su parte, Rancho Nuevo, ubicada en Aldama, en la franja centro-sur, es la principal playa mundial para la anidación de la tortuga lora. Protege ecosistemas costeros diversos como lagunas, dunas, marismas y esteros, que albergan una riqueza notable de moluscos, crustáceos, peces, tortugas, aves, mamíferos marinos y manglares.
El costo del desarrollo en los humedales
El sureste de Tamaulipas es la región más amenazada del estado por la intensa explotación y urbanización, resalta el activista Miguel Ángel Verástegui. En particular, destaca el sistema Garrapatas en Altamira como uno de los humedales estuarinos costeros más depredados, el cual ha perdido aproximadamente el 70 por ciento de su superficie sin que se hayan implementado medidas contundentes para su protección.
«El impacto del desarrollo urbano e industrial ha sido especialmente grave en Altamira, donde la construcción del puerto ocasionó la destrucción de extensas zonas de humedales», afirmó el director de la Asociación Mediadora para el Bienestar Inteligente (Ambientam).
Verástegui advierte que la destrucción de manglares, que anteriormente actuaban como barrera natural en el cordón litoral, representa un daño ambiental irreversible. «Las condiciones salinas de estos manglares eran únicas y no pueden compararse con los manglares de agua dulce ubicados en otras lagunas de la región», añadió.
Además, recuerda casos emblemáticos como el de la Laguna del Carpintero en Tampico, donde la tala de manglares ocurrió en episodios entre 2007 y 2008, y nuevamente en 2013, cuando se atentó contra 6.9 hectáreas generando un proceso legal que llegó hasta tribunales federales, determinando el daño ambiental grave.
«Aunque en 2019 se anunció un proyecto de restauración tras el fallo judicial, seis años después el daño permanece sin reparación, lo que coloca al municipio en situación de incumplimiento a nivel legal, administrativo y federal», denunció el especialista.
Por otro lado, resalta que la contaminación se manifiesta como un enemigo silencioso de los humedales, en especial debido a las aguas jabonosas y grises, cargadas de detergentes, cloro y sustancias químicas, que afectan la vida acuática y frenan el crecimiento natural de los manglares.
En el Carpintero, se han detectado al menos 25 puntos ilegales de vertido de aguas residuales sin tratamiento. Estudios oficiales realizados entre 2018 y 2019 evidenciaron niveles contaminantes de entre 6,000 y 30,000 veces superiores a los límites ambientales permitidos.
El activista sostiene que existen mapas, evidencias fotográficas y documentación técnica que respaldan estas denuncias. Advierte que, de no implementarse acciones inmediatas, el deterioro ecológico en los próximos cinco años será crítico y mucho más caro de revertir, ya que la tasa de desaparición de humedales es tres veces superior a la de los bosques.
Impactos lentos pero irreversibles en los ecosistemas
El sureste de Tamaulipas, rodeado por mar, ríos y lagunas, posee una riqueza natural estratégica que enfrenta un deterioro progresivo pero irreversible, enfatiza el oceanólogo Marcelo René García Hernández.
El especialista explica que los humedales cumplen funciones esenciales y silenciosas, como filtros naturales del agua, amortiguadores frente a fenómenos meteorológicos severos, reteniendo sedimentos y previniendo la erosión costera.
No obstante, este equilibrio está en riesgo. En varias partes del cordón litoral se observan procesos acelerados de erosión vinculados a la desaparición de manglares. En la Laguna Madre, especialmente en Mezquital, la pérdida de cobertura vegetal se asocia con el desarrollo del puerto de Matamoros y la presión derivada de nuevas infraestructuras.
García Hernández subraya que la Laguna Madre tiene una profundidad media de apenas dos metros hacia el norte, lo cual la hace extremadamente vulnerable a los impactos ambientales y antrópicos.
Además, remarca que la carencia de vigilancia y la escasa supervisión ambiental, debido a la limitada presencia de inspectores de la Profepa y a una ciudadanía poco informada acerca de la importancia de estos ecosistemas, propicia que las intervenciones ocurran demasiado tarde, cuando los daños ya son irreversibles.
Estrategias para fortalecer los humedales existentes
Desde la Subsecretaría de Medio Ambiente de Tamaulipas, se reconoce la gran importancia estratégica de los humedales. Karl Heinz Becker Hernández, titular de la dependencia, destaca que la Laguna Madre, por su valor, es el único sitio Ramsar en el estado y prioritario en las políticas ambientales estatales.
Tamaulipas posee 403 kilómetros de litoral donde se encuentran extensos tramos cubiertos por humedales y manglares. Becker Hernández resalta que estos ecosistemas brindan servicios ambientales clave como la captura de carbono, apoyo a la incubación de especies marinas y anidación de aves, sosteniendo también la economía pesquera en comunidades como La Pesca y Carboneras, al funcionar como verdaderas incubadoras de vida.
Respecto a la ampliación y protección de estos ecosistemas, mencionó que la estrategia estatal se enfoca en fortalecer lo ya existente mediante diagnósticos técnicos, delimitación de áreas protegidas y, posteriormente, promover proyectos que eleven su estatus de protección, con la aspiración de eventualmente alcanzar la categoría Ramsar.
Este proceso se lleva a cabo en coordinación con la Federación, dado que la competencia en materia de humedales, litoral y áreas protegidas corresponde a ese nivel de gobierno.
La conservación de los humedales en el sur de Tamaulipas no solo es una necesidad ambiental urgente sino también un imperativo para garantizar la sustentabilidad y resiliencia de un territorio que enfrenta crecientes retos de urbanización, desarrollo y cambio climático, requiriendo un compromiso firme y coordinado entre autoridades, sociedad civil y expertos para proteger estos valiosos ecosistemas.