La Facultad de Ciencias Biológicas de la Universidad Juárez del Estado de Durango (UJED) está llevando a cabo una investigación innovadora en el Área Natural Protegida Cañón de Fernández. Este proyecto tiene como objetivo principal convertir el carrizo, una planta invasora muy abundante en la zona, en un recurso valioso que se pueda aprovechar para mejorar el suelo agrícola más allá de su uso tradicional como sombreadero. Esta iniciativa representa una oportunidad importante para generar empleo y beneficios económicos permanentes en la región.
Miguel Ángel Garza Martínez, secretario académico e investigador de la Facultad de Ciencias Biológicas en la UJED ubicada en La Laguna, detalló que el proyecto denominado «Evaluación de la Distribución del Carrizo» inició en octubre del año pasado. Está financiado por el Fondo de Agua para La Laguna, dirigido por Edgar Salinas Uribe, y busca optimizar el uso de la flora nativa y adaptarse a las condiciones específicas de esta área protegida para beneficio ambiental y social.
Para llevar a cabo este estudio, se han adquirido drones equipados con cámaras multiespectrales, vehículos aéreos no tripulados que permiten un monitoreo preciso y detallado desde las alturas. Esto facilita la identificación de áreas donde el carrizo crece más abundantemente para su posterior aprovechamiento. La idea es utilizar esta planta invasora triturada para oxigenar y mejorar la calidad del suelo agrícola, que ha estado sometido a constantes cortes durante todo el año, logrando así un efecto beneficioso en la tierra y a la vez proporcionando empleo estable durante todo el año.
¿Cuáles son las opciones para aprovechar el carrizo?
El investigador afirmó que aunque el carrizo tradicionalmente se usa para fabricar sombreaderos, el proyecto busca expandir sus usos para que la población local pueda obtener mayores ingresos. La idea es que los habitantes conozcan diversas alternativas de aprovechamiento y elijan la que más les convenga para fortalecer su desarrollo económico y social.
Entre las propuestas destaca su uso como mejorador del suelo, ya que al triturar el carrizo se facilita que el suelo no esté compactado, condición que dificulta el crecimiento de las raíces. En suelos muy duros, este material genera espacios necesarios para un desarrollo radicular adecuado. Otra opción innovadora que se explora es la producción de biocarbón a partir del carrizo como alternativa sostenible para evitar la tala de mezquites, reduciendo así el impacto ambiental. Este biocarbón puede convertirse en briquetas, un combustible más responsable que el carbón tradicional empleado en comidas al aire libre.
Garza Martínez enfatizó que la tecnología adquirida gracias al financiamiento del Fondo de Agua para La Laguna ha sido fundamental para realizar un trabajo preciso, mucho más eficiente que las imágenes satelitales o los recorridos a pie, al poder detectar áreas donde la producción de carrizo es mayor.
Comunidades involucradas en el proyecto
El investigador explicó que actualmente se están identificando las comunidades rurales con las que colaborarán para implementar este proyecto, incluyendo talleres de capacitación en localidades como Nuevo Graseros, Sapioriz y Santa Anita. Bajo este enfoque se busca controlar la expansión de esta planta invasora, pero también generar un impacto positivo desde el punto de vista económico y social para las poblaciones vecinas al Área Natural Protegida Cañón de Fernández.
Se subrayó la importancia de controlar esta especie que, aunque nativa, se extiende rápidamente debido a la humedad. Un ejemplo preocupante es el río Nadadores en la región semidesértica de Coahuila, que está completamente invadido por carrizo, provocando un deterioro ambiental severo. Este fenómeno afecta el flujo normal del agua, limita la producción pesquera y perjudica otras especies autóctonas.
Perspectiva desde Parques y Jardines en Lerdo
Fernando Garza Rodríguez, director de Parques y Jardines del municipio de Lerdo, reconoció el valor de la investigación realizada por la UJED, destacando que el carrizo crece profusamente en las riberas del río Nazas, pero es un recurso que se aprovecha muy poco. Comparó el carrizo con el bambú silvestre en otras regiones, utilizado para construcción y mobiliario, enfatizando la necesidad de dar un mejor uso a esta planta en La Laguna y Lerdo.
Comentó que el carrizo es una planta silvestre y extensamente proliferante que se convierte en una plaga debido a que crece con solo la humedad del río durante el ciclo agrícola. «Esta planta puede ser cortada y en apenas ocho días vuelve a crecer, repitiéndose constantemente como sucede con la alfalfa, lo que indica que el proyecto tiene un gran potencial para transformar su uso y beneficio».
Además, explicó que el carrizo se desarrolla a partir de una raíz conocida como «camote», que genera una amplia red de ramificaciones, facilitando su rápida propagación. Sin embargo, esta característica también ha permitido que algunas familias obtengan ingresos mediante la elaboración de techumbres, sombrillas y cortinas de carrizo, generando empleo local.
La tradición familiar de 25 años en torno al carrizo: Familia Medellín
Óscar Medellín García compartió la historia de su familia, cuyo negocio «Sombras y palapas de carrizo» comenzó de manera accidental gracias a su abuelo Julio Medellín Salinas. Esta iniciativa lleva 25 años funcionando y ha sido la base económica que ha sustentado a varias generaciones familiares.
Ubicado en la calle Sacramento 2, cerca del canal de riego del mismo nombre en la colonia Genardo Vázquez de Lerdo, el negocio mantiene viva la tradición exhibiendo en su fachada techumbres y cortinas enrolladas de carrizo, símbolo de un oficio que ha perdurado.
Óscar relató cómo, tras la compra del terreno, su abuelo construyó una primera sombra de carrizo que llamó la atención de un transeúnte, quien le ofreció comprarla. Este evento se repitió y llevó a que el abuelo comenzara a fabricar y vender sombreaderos como una actividad económica adicional que con el tiempo se convirtió en su principal sustento.
Actualmente, manejan estándares de productos como sombreaderos de 3×3 metros cuyo costo varía entre 550 y 950 pesos dependiendo de la calidad del carrizo, logrando un ingreso diario que les permite vivir dignamente. Además, desde sus inicios compraron un terreno junto al río para disponer de suficiente materia prima durante todo el año, consolidando una tradición comercial que ha alcanzado mercados en Sinaloa, Monterrey, Querétaro y Ciudad Juárez.
Esta historia ejemplifica cómo una planta invasora puede convertirse en una oportunidad económica viable y sostenible cuando se conoce y explota adecuadamente, un objetivo que la UJED busca replicar y expandir en toda la región.