En un espacio controlado que dista mucho del entorno natural de la selva, un pequeño cuerpo aparece dentro de una transportadora. Es Yuji, conocido popularmente como «el Punch mexicano», un primate criado sin la guía materna ni el respaldo de su manada. Pero Yuji no es el primero en esta historia; antes que él hubo otros como Bruce, Pandora, Dobby, Lola y Darya, individuos que no alcanzaron la fama, pero que nacieron en condiciones similares y han sido sostenidos por la ciencia para sobrevivir, según la investigación realizada por La Raza Media.
Yuji es un mono patas (Erythrocebus patas) nacido un 3 de marzo con apenas 443 gramos de peso. Su nombre —inspirado en Yuji Itadori, el personaje principal del anime japonés «Jujutsu Kaisen» conocido por su fuerza excepcional— resulta casi profético, pues su vida ha sido una constante lucha y resistencia desde sus primeros días. A los 38 días de nacido saltó a la fama gracias a un video compartido por el zoológico de Guadalajara, donde reside junto a otros seis mil animales distribuidos en una extensión de 50 hectáreas. En ese video, sus cuidadoras lo presentaron como el nuevo integrante del lugar.
De la popularidad a la realidad científica: el nacimiento y supervivencia de Yuji
Las redes sociales adoptaron rápidamente a Yuji antes incluso que su propia especie. Esto generó comparaciones inmediatas con ‘Punch’, el macaco japonés del zoológico de Ishikawa que conmovió al mundo en 2025. Sin embargo, las historias de crianza asistida de Yuji en Guadalajara y de Punch en Japón son mucho más complejas y profundas que lo que puede mostrar un simple video viral.
«Cuando vimos a Yuji por primera vez, su madre primeriza no podía sostenerlo. En esas primeras horas tan críticas, la ausencia de alimento y calor es mortal, y no observamos que ella lo amamantara», comenta Iván Reynoso Ruiz, veterinario zootecnista a cargo del área de primates en el zoológico de Guadalajara, en entrevista con La Raza Media. «En ese momento la decisión fue clara: retirarlo para evitar su muerte, no por falta de cuidado o crueldad».
La crianza asistida comienza precisamente cuando la naturaleza, por diferentes razones, falla en cuidar a la cría. Aunque esta situación pueda chocar con estándares humanos, en la vida animal es común que las madres no estén preparadas o rechacen a sus crías. Sin embargo, fuera del ambiente natural, la falta de intervención resulta en la muerte segura de estas pequeñas vidas.
«No se trata de culpar a las madres; en la naturaleza esto sucede frecuentemente. Existen códigos y dinámicas que nos son ajenos, pero la diferencia es que allá las crías no sobreviven. Aquí, para Yuji, sí existe esa oportunidad» explica Reynoso.
La crianza asistida implica un esfuerzo constante y extenuante, hecho de repetición y atención continua. En las primeras semanas Yuji debía alimentarse con 12 tomas de leche cada día, aproximadamente una cada dos horas, sin descansos.
«Este proceso dura semanas enteras, cuidarlo es como criar a un bebé humano. Los primates tienen un desarrollo lento y dependen intensamente del cuidado parental para sobrevivir; no es como un pollito que enseguida puede valerse por sí mismo», describe David Espinosa, director del Centro Integral de Medicina y Bienestar Animal (CIMBA) y veterinario.
Los cuidados de Yuji implican la participación estrecha de dos áreas fundamentales: CIMBA, que es el hospital del zoológico de Guadalajara y el más grande y reconocido de Latinoamérica, y el área de primates. La alimentación es rigurosamente calculada, empleando una fórmula en polvo diseñada para humanos recién nacidos, con la temperatura medida cuidadosamente para evitar rechazo.
El peluche: una herramienta vital para la supervivencia
Existe un elemento insustituible en esta crianza, el peluche, que no es un simple juguete ni un mero gesto de ternura, sino una pieza fundamental para el desarrollo emocional y físico de Yuji. Las crías de primates tienen un instinto de apego muy fuerte y buscan aferrarse al cuerpo materno para sobrevivir; ante la ausencia de la madre, el peluche cumple esta función crucial.
El peluche ofrece un punto de anclaje y seguridad que la ausencia materna ha quitado. Ni siquiera el contacto físico constante con sus cuidadoras podría reemplazarlo, pues el riesgo de que Yuji confunda su identidad y se perciba como humano es alto y peligroso para su bienestar psicológico.
Yuji utiliza su peluche para dormir, comer, calmarse e incluso para hacer sus necesidades. Este objeto funciona como refugio, vínculo emocional y frontera que define su identidad como mono. Por las tardes, Yuji es trasladado de CIMBA a Monkeyland, donde observa a sus congéneres a cierta distancia, aprendiendo a través de la observación pero sin interacción directa hasta que domine los códigos de su manada.
El contacto humano se limita estrictamente para evitar una dependencia excesiva; nadie lo carga ni acaricia demasiado, pues el objetivo es que aprenda a vivir entre los suyos y no entre humanos.
«Nuestro deseo primordial es que Yuji reconozca que es un mono, que entienda el lenguaje de su especie y que sea aceptado por los suyos», señala Luis Soto Rendón, director general del zoológico de Guadalajara.
«No buscamos que se adapte a nosotros ni que aprenda español; queremos que hable el lenguaje de los monos patas», concluye.
CIMBA representa el epicentro científico y médico detrás de toda esta estructura de cuidado. Yuji ha duplicado su peso inicial y ha reducido las tomas de leche a cuatro por día. Su dieta ahora incluye alimentos sólidos blandos, como verduras cocidas —calabaza, zanahoria, camote—, además de cereales infantiles y croquetas especializadas para primates.
Antes de Yuji, otros como Bruce, un lémur anillado que nació con apenas 85 gramos, pasaron por este proceso en CIMBA. Los visitantes pueden observar estas labores a través de vitrinas desde el hospital, lo que humaniza y transparenta el trabajo exhaustivo realizado por el equipo de veterinarios y especialistas.
«La apertura de nuestro hospital al público busca demostrar la calidad y dedicación con la que cuidamos a los animales», explica David Espinosa.
Historias como la de Bruce, Pandora, Dobby, Lola y Darya son testimonios vivos de la efectividad y la esperanza que brinda la crianza asistida, pues todos lograron reintegrarse con éxito a sus grupos naturales.
En Japón, la historia de Punch fue objeto de controversia durante su integración al grupo de macacos japoneses, con críticas y malinterpretaciones en redes sociales. Sin embargo, esta carrera para lograr la adaptación natural implica enfrentar agresiones y tensiones sociales propias de la vida animal, indispensables para la dinámica del grupo.
«Una historia mal contada puede convertir a cualquiera en villano. Los usuarios muchas veces opinan sin contexto, pero en Japón hicieron un trabajo ejemplar», afirma Espinosa. «Sí hubo agresiones, pero forman parte de la estructura social; estas tensiones deben existir aunque incomoden a los espectadores humanos».
Los visitantes del zoológico de Guadalajara observan a Yuji con ternura y admiración, expresando comentarios llenos de cariño y asombro. Sin embargo, tras esa percepción hay un sistema científico y humano riguroso, que involucra a más de 500 personas y un trabajo constante para garantizar el bienestar animal.
Este proceso enfrenta una realidad difícil de aceptar: los primates no son mascotas. Cuando crecen alejados de su especie, su comportamiento y salud mental sufren alteraciones profundas, y su identidad se fragmenta. La crianza asistida busca evitar que eso suceda y preparar a Yuji para que viva plenamente como mono.
Día a día Yuji observa y aprende las señales de su manada, se acerca más a lo que su vida natural debería haber sido desde el inicio. Se espera que, dentro de unos seis meses, deje atrás el peluche y finalmente a quienes lo rescataron y cuidaron.
«Nuestro mayor deseo es que Yuji se convierta en un mono auténtico y que, aunque nos duela, nos olvide», concluye Luis Soto.