Las desapariciones en Durango reflejan una problemática compleja y prolongada que se divide en dos grandes periodos, ampliamente vinculados con el crimen organizado. Esta situación, sin embargo, no se limita únicamente al territorio del estado, sino que también involucra a regiones vecinas como Zacatecas y Sinaloa, donde la incidencia de desapariciones de duranguenses ha sido significativa.
El primer periodo de violencia ocurre entre 2006 y 2013, cuando la violencia armada se intensificó en Durango. Durante esos años, el Registro Nacional de Personas Desaparecidas y No Localizadas contabilizó un total de 408 casos en la capital, siendo esta la zona más afectada. Otras demarcaciones como Gómez Palacio reportaron 24 hombres desaparecidos, mientras que los restantes municipios registraron menos de 10 casos cada uno.
El segundo periodo está marcado por un conflicto criminal en Sinaloa, iniciado el 9 de septiembre de 2024, que ha provocado la desaparición de 204 personas, mayormente residentes de la capital de Durango. En conjunto, estos dos intervalos suman un total de mil 190 desapariciones, con un predominio de varones, especialmente 581 en la capital y 84 en Gómez Palacio. Municipios como Pueblo Nuevo, Mezquital y Lerdo también forman parte de esta estadística, con casos que varían entre 28 y 30 personas desaparecidas. El 80% de estos casos corresponden a desapariciones de larga data.
Mayoría se concentra en el primer periodo
Carlos Burciaga, comisionado estatal de Búsqueda en Durango, detalló que el 80% de las desapariciones se concentran en el primer periodo señalado, cuando las condiciones técnicas y tecnológicas para la localización de personas eran sumamente limitadas. Hoy en día, gracias a avances tecnológicos y mayores recursos, las investigaciones han podido avanzar, aunque la complejidad de los casos antiguos sigue siendo un gran desafío.
«La mayoría de las desapariciones de larga data se dieron en el periodo entre 2006 y 2013, un tiempo particularmente complicado no solo en Durango sino en gran parte de La Raza Media. Durante esos años, no existían comisiones especializadas de búsqueda ni la tecnología avanzada que tenemos hoy en día. Sin embargo, seguimos realizando acciones necesarias para dar seguimiento a estos casos, aunque el abordaje es distinto debido a las limitaciones históricas» explicó Burciaga.
Actualmente las ausencias son voluntarias
El comisionado también señaló que en la actualidad la dinámica ha cambiado: las desapariciones recientes son, en su mayoría, ausencias voluntarias concentradas en personas jóvenes, predominantemente hombres. Esto supone un fenómeno diferente al de desapariciones relacionadas directamente con violencia o crimen organizado.
«En la actualidad, la mayoría de desapariciones en Durango corresponden a ausencias voluntarias, particularmente entre jóvenes varones. No se ha registrado otro tipo de desaparición diferente a esta modalidad y los operativos se orientan al entendimiento de esta dinámica para poder actuar en consecuencia» señaló Burciaga.
Además, destacó que debido a la colindancia con estados con altos índices de violencia como Sinaloa y Zacatecas, se han encontrado personas desaparecidas vinculadas a estas regiones. En los últimos años, varias víctimas han sido localizadas y sus restos trasladados a Durango, lo que ha demandado un trabajo coordinado entre comisiones de búsqueda de los diferentes lugares.
«Por la proximidad con Sinaloa y Zacatecas, realizamos acciones conjuntas con sus comisiones, incluyendo eventos como el reciente en Mazatlán, donde colectivos de búsqueda trabajan en revisión de expedientes, pegado de fichas, visitas a penales y servicios médicos forenses para avanzar en la localización de personas» agregó Burciaga.
Gemma busca a su padre desde 2010
Gemma Salas, integrante del colectivo Madres Buscadoras de Durango, comparte la búsqueda constante de su padre, desaparecido en 2010 en la capital durante el primer periodo crítico de violencia. Destaca que en ese entonces no había mecanismos tecnológicos ni legales efectivos para apoyar a las familias en la localización de desaparecidos, lo que hacía la búsqueda un proceso casi a ciegas y cargado de incertidumbre.
La experiencia de Gemma refleja el dolor de muchas familias que ahora, con la formación de colectivos y avances tecnológicos, pueden colaborar y compartir información que aporte pistas para resolver estos casos.
«Ha sido una experiencia dura y llena de miedo porque uno no sabe a dónde acudir ni qué hacer. En nuestro caso, buscamos sin tener ni un motivo claro o indicio, lo que hace todo más difícil. Guardamos el dolor y miedo para seguir adelante y también ayudar a otras familias, confiando en que tal vez en la búsqueda de otros encontremos una pista sobre el paradero de mi padre» manifestó Gemma Salas.
Relató que su padre desapareció mientras construía una casa y que, ante el miedo, no se interpuso denuncia en ese momento, lo que complicó las labores de búsqueda posteriores. Reconoce que durante esos primeros momentos críticos no habían los recursos legales que existen ahora para apoyar a las familias.
«No sabíamos qué hacer ni cómo actuar en ese momento; dejamos pasar horas cruciales que son decisivas para la búsqueda. Ahora, aunque hayan pasado años, seguimos trabajando para encontrarlo y brindar algo de respuesta a nuestra familia» concluyó Gemma.
Los desaparecidos en Sinaloa
Además, existe una dimensión regional importante en la problemática, pues muchos duranguenses han desaparecido en otros territorios mexicanos, siendo Sinaloa el estado con el mayor número de casos reportados de duranguenses desaparecidos, en particular en la ciudad de Mazatlán. Asimismo, Zacatecas también figura como una de las zonas donde se han presentado un número considerable de estas desapariciones, subrayando la necesidad de una acción integral y coordinada entre diferentes regiones para abordar esta situación.