Yenisey y Braulio representan un matrimonio fuerte que comparte no solo su vida cotidiana, sino también una profunda pasión por las tradiciones y la cultura hidalguense, especialmente por el vibrante carnaval de Calnali. Este evento no es solo una celebración para ellos, sino una forma de mantener viva la identidad y las raíces de su región.
Ella, con 35 años, es oriunda de este pintoresco municipio en la sierra hidalguense y ha participado activamente en esta gran festividad durante toda su vida. Él, de 45 años, se incorpora por segundo año consecutivo, aprendiendo a valorar y respetar la riqueza cultural que envuelve el carnaval.
«Sentirse parte de uno de los carnavales más emblemáticos de La Raza Media y portar un atuendo tan significativo es un privilegio enorme», comenta Yenisey con orgullo y emoción, reflejando la conexión profunda que siente con esta tradición.
Ambos están disfrazados de «cuernudos», un vestuario que ella se encarga de describir detalladamente: este atuendo representa la dualidad entre la bestia salvaje y el cazador. Está compuesto por chaparreras y chaleco de piel, adornado con una mascada, un sombrero y, por supuesto, la imponente cornamenta de venado, siendo uno de los atuendos más antiguos y simbólicos del municipio.
Braulio respalda cada palabra de su esposa, mostrando un orgullo palpable por su conocimiento de la historia, el simbolismo y las tradiciones que envuelven el carnaval. «Formamos parte de un grupo de 70 cuernudos y cada año variamos el color de nuestra vestimenta, aunque algunos barrios suelen cambiar su atuendo por completo cada dos o tres años», comenta con entusiasmo.
En otro punto del carnaval, podemos conocer a Blanca, Rubí, Diana, Meli, Luisa y otra joven llamada Blanca, originarias también del municipio. Cada año se involucran activamente y el año pasado participaron disfrazadas de brujas; en esta ocasión, eligieron el papel de payasitas para alegrar y divertir a los niños, quienes responden con sonrisas y saludos entusiastas.
Estas jóvenes provienen del Barrio de San Juan, uno de los seis barrios que forman parte integral del carnaval. La tradición es abierta y cualquier persona que quiera integrarse debe adquirir su atuendo y solicitar unirse a alguna de las comparsas participativas. Este año, el costo para confeccionar el traje fue aproximadamente de mil seiscientos pesos, una inversión que quienes desean sumarse deben asumir para poder desfilar por las calles principales del municipio.
La emoción y el orgullo son inconfundibles entre los participantes. La mayor recompensa es ser parte activa de esta tradicional celebración. Cuando comienzan a sonar las primeras notas de las bandas de viento, comentan que “la piel se pone chinita”, un reflejo auténtico de la emoción que genera la festividad en todos. Los rostros de niños y espectadores, que saludan y observan desde las banquetas, gradas, casas y locales abarrotados de gente, confirman el impacto comunitario del carnaval.
Para ellos, el carnaval no es una competencia, sino una experiencia para vivir, compartir y disfrutar en comunidad. El verdadero valor reside en la participación, en la transmisión cultural y en el fortalecimiento del sentido de pertenencia a través de la tradición, lo que hace que esta celebración sea única y significativa para Calnali y toda La Raza Media.