A pesar del surgimiento de nuevas drogas como el fentanilo, la mariguana continúa siendo un negocio altamente lucrativo para las organizaciones criminales, quienes han encontrado en la región de Tierra Caliente, Michoacán, un lugar ideal para sus cultivos. Esta zona montañosa es escenario de constantes operativos militares dirigidos a erradicar estas plantaciones, que se han sofisticado con nuevas técnicas para acelerar la producción.
El Ejército Mexicano ha logrado localizar cinco plantíos de mariguana durante el presente año en los cerros del municipio de Turicato. Estas plantaciones se distinguen no solo por su cantidad, sino también por la incorporación de métodos avanzados que optimizan el crecimiento y la cosecha de la droga. En un operativo realizado en la localidad de La Laja, se detectaron 2.8 hectáreas de cultivo, donde el personal militar llegó fuertemente armado y a bordo de vehículos terrestres.
«En promedio, calculamos unas seis plantas por metro cuadrado, lo que representa alrededor de 171 mil plantas con un peso aproximado de 900 gramos cada una», informó un soldado al centro de comando mediante radio.
Este operativo mostró el contraste entre el color verde intenso de las plantas jóvenes y el terreno árido que las rodea. Además del cultivo al aire libre, los narcotraficantes han implementado invernaderos diseñados para generar mayor calor y favorecer así el crecimiento acelerado de la mariguana.
¿Cómo se da el cultivo de mariguana?
El narcotráfico emplea dos métodos principales para el cultivo de mariguana en esta región. El primero es el tradicional: plantación a cielo abierto bajo el sol intenso de Tierra Caliente, con un sistema de riego basado en bombas de gasolina y mangueras que conducen agua desde un arroyo cercano. Este sistema es sencillo pero efectivo para mantener las plantas hidratadas en un clima seco.
«Utilizan generadores de energía, bombas de agua y sistemas de riego por goteo con mangueras especiales, que permiten un crecimiento acelerado de las plantas», explicó el teniente coronel Indalecio Tapia Vázquez, comandante interno del VI Batallón de Infantería.
La segunda técnica involucra los invernaderos, donde además del riego por goteo, se añade energía eléctrica para iluminación artificial. Los focos se colocan a aproximadamente un metro y medio de las plantas, generando un ambiente cálido que propicia el desarrollo rápido.
«Las plantas son muy pequeñas, de tres a cinco centímetros, con unos 15 días desde la siembra. En el fondo del invernadero, también cuentan con fertilizantes, agroquímicos y fumigadores que aseguran un crecimiento rápido y saludable», agregó el oficial militar.
En diferentes áreas del invernadero se observan plantas en distintas etapas de crecimiento: desde plántulas jóvenes hasta ejemplares de 50 centímetros que están por ser cosechados. La preparación para la recolección es meticulosa, ya que los narcotraficantes cortan el suministro de agua unas semanas antes para que las plantas maduren adecuadamente.
«El sistema de riego se corta para que las plantas comiencen a secarse. Estimamos que en una o dos semanas estas serán cosechadas y trasladadas a la zona de secado», puntualizó el mando militar.
El proceso completo para la producción de mariguana dura aproximadamente dos meses y medio, utilizando fertilizantes y otros insumos para conseguir la calidad requerida en peso, aroma y apariencia.
Tras la cosecha, las plantas son secadas en espacios rudimentarios construidos con madera y cubiertos con plástico negro. Allí permanecen colgadas en lazos con espacios pequeños entre ellas durante tres a cuatro semanas, dependiendo de las condiciones climáticas.
Finalmente, el empaquetado consiste en envolver la droga en bolsas plásticas. En el mercado local, un kilogramo de mariguana se vende alrededor de 500 pesos, aunque su valor aumenta significativamente una vez que circula en las distintas cadenas del narcotráfico.
«Después de estar entre tres y cuatro semanas en el área de secado, preparan la mariguana en costales y bolsas negras para su traslado. En esta operación hemos asegurado aproximadamente una tonelada», estimó el militar.
La producción a través de invernaderos representa un proceso que puede tomar hasta cuatro meses, y sigue siendo una fuente vital de financiamiento para los grupos criminales, aunque es constantemente atacada y removida por el Ejército.
El Ejército corta las plantas con machetes tanto dentro como fuera de los invernaderos; algunas son arrancadas a mano y apiladas sobre camas de madera que luego son rociadas con gasolina y quemadas para su destrucción completa. Debido al tamaño de las áreas sembradas, la erradicación puede durar hasta un día completo e incluye la remoción del sistema de riego e instalaciones eléctricas.
Los cultivos erradicados están dispersos en diferentes puntos de Michoacán, a veces encontrados gracias a sobrevuelos de la Guardia Nacional. Uno de estos operativos detectó un plantío de dos hectáreas similar al anterior, pero cultivado exclusivamente a cielo abierto.
«Hemos localizado varios plantíos, desde grandes extensiones de 2.8 y 2 hectáreas, hasta menores dimensiones en la misma zona. Continuamente realizamos reconocimientos para identificarlos y proceder a su destrucción», declaró el general de brigada Juan Bravo Velázquez, comandante de la 21/a Zona Militar.
De acuerdo con cifras oficiales de la Secretaría de la Defensa Nacional, hasta ahora se han localizado 14 plantíos de mariguana que suman 6.5 hectáreas, con una afectación estimada para el narcotráfico de 1.9 toneladas de droga. Además, se han desmantelado siete laboratorios clandestinos dedicados principalmente a la fabricación de metanfetamina.
«Esta región es considerada un foco de incidencia delictiva donde continuamente realizamos operativos para identificar y destruir cultivos y laboratorios ilícitos», sostuvo el comandante.
Estos esfuerzos representan un golpe importante para las finanzas del crimen organizado, pero también evidencian el reto constante que representa la erradicación de la mariguana en Tierra Caliente, un territorio en el que el narcotráfico sigue buscando mantenerse con cultivos sofisticados y protegidos.