El pasado viernes, la subsecretaría de Movilidad y Transportes anunció un aumento de un peso en la tarifa del transporte público, específicamente en la categoría de autobuses en Durango. Esta medida ha generado una reacción negativa entre los usuarios, quienes cuestionan la justificación de este incremento, pues consideran que las condiciones actuales de las unidades son deficientes y que el trato recibido por parte del servicio no es adecuado.
En la Plazuela Baca Ortiz, situada en la capital duranguense y punto neurálgico por donde circulan la mayoría de las rutas de transporte público, diversos ciudadanos expresaron su inconformidad frente a esta actualización tarifaria. Aunque algunos entrevistados prefirieron no dar declaraciones públicas, compartieron el mismo descontento y mostraron su renuencia a pagar la cantidad establecida, resignándose finalmente a hacerlo por necesidad.
Uno de los argumentos más recurrentes es la percepción de que las unidades permanecen en mal estado y que no se observa una inversión significativa por parte de las autoridades o concesionarios para mejorar el servicio. Alicia Castillo, usuaria de transporte público desde hace toda su vida, enfatizó que el aumento no está justificado debido a las condiciones precarias de las unidades, y resaltó el impacto negativo que representa para las familias, ya que, sumando cuatro pesos diarios, el gasto se vuelve considerable.
«Siento que no cambia nada: suben la tarifa, pero los autobuses siguen igual de deteriorados, sin mejoras visibles. Es como si constantemente pagáramos más sin recibir un mejor servicio», afirmó Castillo, añadiendo que cuando hay varios miembros en una familia que utilizan el transporte, los costos se multiplican y la incomodidad persiste.
Cristina Padilla también manifestó su rechazo al incremento, resaltando que el mal estado de las unidades es un problema cotidiano que afecta a todos los usuarios que dependen diariamente del transporte público. «El servicio es muy deficiente y su deterioro lo sufrimos día tras día; por eso considero que el aumento no tiene justificación», señaló.
Por otro lado, Argelia Montero, quien ha vivido en Durango un tiempo considerable, reconoció que el servicio de transporte tiene altos y bajos. Sin embargo, comentó que hasta ahora no ha experimentado problemas significativos relacionados con el mal estado de las unidades, aunque entiende la molestia generalizada entre los demás usuarios.
Esta situación pone en relieve la necesidad de que las autoridades y concesionarios no sólo consideren ajustes tarifarios, sino que prioricen la inversión en la rehabilitación y mantenimiento de las unidades para garantizar un servicio digno y eficiente. Además, se requiere escuchar la voz de los ciudadanos para diseñar políticas que realmente beneficien a la comunidad y mejoren su calidad de vida.
La polémica generada por este aumento a la tarifa coincide con un contexto nacional en el que diversas regiones enfrentan dificultades similares en cuanto a la calidad y seguridad del transporte público, lo que resalta la urgencia de abordar estos problemas de manera integral y sostenible.
De cara al futuro, será fundamental establecer un diálogo constructivo entre usuarios, autoridades y concesionarios para encontrar soluciones justas que equilibren la necesidad de mantener tarifas accesibles con la mejora continua del servicio. Mientras tanto, los ciudadanos de Durango seguirán expresando su descontento y buscando las mejores condiciones para su movilidad cotidiana.