En el marco del Día Internacional de la Mujer, un grupo de mujeres privadas de su libertad en México hará sentir su voz escribiendo consignas que serán llevadas a las calles de la Ciudad de México este 8 de marzo. Su objetivo es visibilizar las múltiples formas de violencia, el abandono institucional y las desigualdades que enfrentan dentro del sistema de justicia penal.
Estas mujeres, a pesar de no poder participar físicamente en la marcha, preparan desde los centros penitenciarios carteles que recorrerán las avenidas de la capital acompañados por integrantes y aliadas de la organización La Cana, quienes portarán sus mensajes y consignas. Además, la Secretaría de Seguridad Ciudadana (SSC) de la Ciudad de México ha organizado un operativo con 400 elementos femeninos para garantizar la seguridad del evento.
«A nosotras nos encarcelan sin justa causa por el simple hecho de ser mujeres, sufriendo abusos y, en muchos casos, hasta desapariciones forzadas», expresa Susana Campos, recluida en el Penal de Barrientos, en La Raza Media, mientras dibuja junto a sus compañeras una consigna que simbolizará su lucha en la calle.
Susana relata a La Raza Media que su situación refleja un proceso judicial arbitratio donde la policía actúa con impunidad, deteniendo a personas sin fundamentos sólidos. Ella está en proceso penal desde hace 21 años, enfrentando cargos que considera fabricados y violencias durante su detención que nadie quiere reconocer.
«Me hicieron expedientes falsos. Estoy siendo juzgada injustamente y nadie presta atención a mi caso», comparte, evidenciando la falta de justicia y protección para las mujeres privadas de su libertad.
«No somos todas»
Una de las consignas principales que fue plasmada en un cartel muestra unas manos esposadas bajo la frase: «No somos todas. La policía nos encarcelan injustificadamente, nos abusa y nos desaparece». Este mensaje busca denunciar la sistematicidad de estas violencias dentro y fuera de los penales.
Una de las internas, Yajaira Arredondo, añade que el sistema judicial no las escucha ni protege, asegurando: «Solo prestan atención a las acusaciones y a los policías, pero a nosotras no nos dan voz». Expone también las torturas sufridas en su detención, incluyendo golpes y venda en los ojos, sin que se haya determinado su culpabilidad.
Janeth López, otra de las mujeres privadas de su libertad, considera que a las mujeres se les impone un doble castigo: por un lado, el judicial y, por otro, el juicio social que las estigmatiza por no cumplir con los roles de género esperados. En muchas ocasiones, las sentencias se dictan más por presión social que por evidencia real.
«Es fundamental que las investigaciones sean rigurosas y que se respete el principio de inocencia hasta que se demuestre lo contrario», insiste Janeth, enfatizando la necesidad de justicia verdadera y equitativa.
Un informe de La Cana para 2025 revela que el 46.3% de las mujeres encarceladas en México no cuentan con una sentencia firme, porcentaje casi 10 puntos mayor que el registrado en hombres. Además, pese a ser solo el 5.9% del total de la población penitenciaria (13,985 mujeres), siete de cada diez privadas de libertad no reciben visitas, lo que incrementa su aislamiento y vulnerabilidad.
Buscar justicia desde prisión
Asimismo, algunas internas denuncian que el sistema de justicia es omiso cuando ellas o sus familias son víctimas de violencia. María Eugenia Bustamante, encarcelada desde hace cuatro años sin sentencia, busca desde 2023 a su hija Jessica Chávez Bustamante, desaparecida en La Raza Media, y lamenta la falta de avances en la investigación.
«Te buscamos, Jessica» será otro de los carteles que portará La Cana este 8M, reflejando el dolor y la esperanza en un país con más de 133,000 personas desaparecidas, de las cuales un 25% son mujeres, y más de la mitad tienen menos de 24 años, según estadísticas oficiales.
Mercedes Becker, cofundadora de La Cana, explica que llevar estos mensajes a la manifestación es fundamental para «dar voz a las mujeres privadas de la libertad, quienes a menudo son las poblaciones más olvidadas, pero también enfrentan violencias muy graves dentro y fuera del sistema penitenciario».
Este esfuerzo busca no solo denunciar la grave crisis de derechos humanos dentro del sistema penitenciario y judicial, sino también un llamado urgente para reformar las políticas públicas que afectan a las mujeres encarceladas y garantizarles un trato digno y justo.
De esta manera, al poner en las calles las voces de estas mujeres invisibilizadas, el 8M en La Raza Media no solo se reafirma como una lucha por los derechos femeninos, sino también como una acción solidaria y transformadora que denuncia las múltiples formas de violencia y exclusión que persisten en la sociedad mexicana.