En la zona montañosa entre los municipios de Morelos y Guachochi, en Chihuahua, las autoridades hallaron un megalaboratorio con capacidad industrial, ubicado en un territorio tradicionalmente controlado por Gente Nueva y la facción conocida como Los Salgueiro, ambos vinculados al poderoso Cártel de Sinaloa. Este descubrimiento revela la magnitud y la sofisticación en la producción de narcóticos que mantienen estas organizaciones en la región.
Este complejo, situado en un área cercana al estado de Sinaloa, fue confiscado tras un operativo conjunto entre agentes estatales y federales, quienes encontraron instalaciones capaces de albergar entre 50 y 100 personas trabajando simultáneamente. En esta área operan células que conforman no sólo el brazo armado, sino también la estructura productiva y logística del Cártel de Sinaloa, organización fundada por Joaquín «El Chapo» Guzmán y que continúa vigente bajo diversas facciones, incluyendo la influenciada por sus hijos, conocidos como Los Chapitos.
La Fiscalía de Chihuahua ha descartado la participación directa de agentes de Estados Unidos en la desarticulación de este laboratorio. Gente Nueva, que es una organización criminal estrechamente ligada al Cártel de Sinaloa, fue creada alrededor del 2007 con el objetivo de disputar control territorial, especialmente en Ciudad Juárez, frente a grupos rivales como La Línea. Con el tiempo, ha extendido sus operaciones hacia el sur y la zona serrana del estado, transformándose de una célula de choque a una estructura que ejerce control territorial, seguridad y protección de rutas estratégicas.
Dentro de esta estructura criminal juega un papel fundamental la familia Salgueiro, considerada una de las facciones más influyentes en Chihuahua y Durango. Liderados por Noel Salgueiro, conocido como «El Flaco», y sus hermanos, han consolidado su poder en la sierra, controlando municipios como Guadalupe y Calvo, Balleza, Parral, Matamoros y zonas aledañas, desde donde coordinan actividades relacionadas con la producción, almacenamiento y transporte de drogas.
Las autoridades mexicanas y estadounidenses han vinculado a este grupo con la fabricación y distribución de metanfetamina, heroína, cocaína y mariguana, así como con el control de áreas de cultivo de amapola en la sierra, dentro de la región conocida como el Triángulo Dorado. Más allá de la producción de estupefacientes, la organización ha sido identificada como una fuente constante de violencia y responsable del aseguramiento de las rutas de traslado de droga hacia el norte y la frontera con Estados Unidos.
Seis áreas de producción, hornos y decenas de cilindros de gas: la compleja infraestructura asegurada
Este contexto permite entender que el reciente hallazgo se inscribe dentro de un corredor criminal altamente consolidado. Ubicado a aproximadamente nueve horas de la capital estatal, en una zona remota y de difícil acceso entre Morelos y Guachochi, este megalaboratorio refleja la estratégica conexión natural que existe entre la sierra de Durango, Sinaloa y esta parte de Chihuahua.
Según la Fiscalía General del Estado, el sitio no era un laboratorio improvisado, sino un complejo industrial dividido en al menos seis áreas productivas, con una de ellas que alcanza hasta 850 metros cuadrados, además de un segundo campamento operativo cercano. Las áreas contenían desde 19 tambos de mil litros hasta calderas, tarimas con costales con leyendas industriales y depósitos de acetona, junto con sanitarios y espacios para almacenamiento.
Una de las secciones más avanzadas contaba con hornos conectados a depósitos mediante mangueras, así como decenas de cilindros de gas que evidencian procesos químicos de calentamiento y transformación en cadena. La zona principal concentraba al menos cinco hornos, siete grandes depósitos interconectados, decenas de recipientes adicionales y más de 100 cilindros de gas, todo indicativo de una operación continua y a gran escala.
El segundo campamento contenía condensadores, calderas, hornos adicionales y casi 200 cilindros de gas, así como contenedores grandes, tambos vacíos con leyendas industriales y diversos materiales químicos en estado sólido y líquido aún por analizar. También se aseguraron suministros, utensilios y equipo logístico que demostraban que el área era habitada y operada de manera permanente, sirviendo como base de trabajo en la sierra más que como un simple punto de producción.
El fiscal César Jáuregui mencionó que debido a la localización y características del complejo, está vinculado a un grupo con operaciones en Sinaloa y que la droga producida sería distribuida en varias regiones del país. La cantidad de insumos, la infraestructura y la disposición física hacen de este uno de los complejos clandestinos más grandes y sofisticados detectados en Chihuahua, asemejándose más a una planta industrial que a un mero laboratorio artesanal.
Estimaciones del gabinete federal de Seguridad indican que con este aseguramiento se evitó la producción de aproximadamente 2.88 toneladas de metanfetamina, lo que representa una pérdida económica cercana a los 966 millones de pesos para las organizaciones criminales. Este golpe también revela cómo la sierra de Chihuahua no funciona sólo como ruta de tránsito, sino como un área activa de producción de drogas sintéticas bajo el control de estructuras del Cártel de Sinaloa que combinan el dominio territorial con la manufactura de narcóticos en la montaña.
En un contexto relacionado, Estados Unidos anunció restricciones de visas contra 75 familiares o asociados del Cártel de Sinaloa, una medida que busca obstaculizar la capacidad operativa y de influencia de esta organización transnacional en la región.