En una región donde el viento levanta el polvo constantemente y arrastra bolsas y residuos, un grupo de vecinos decidió tomar una iniciativa poco común: encargarse de recoger la basura que otros descuidan. Así nació el Grupo Independiente Limpiando Mayrán, una acción comunitaria que, tras cumplir su primer aniversario, ha logrado no solo remover toneladas de desperdicios, sino también sembrar una conciencia social profunda sobre la limpieza como un acto de unidad y responsabilidad colectiva.
Este colectivo opera en el ejido Mayrán, ubicado en la zona baja de San Pedro, un lugar donde los tiraderos clandestinos de basura se habían convertido en una imagen habitual del paisaje. Lo que empezó como una tarea esporádica se transformó en una actividad constante de servicio social, realizada sin remuneración ni apoyos gubernamentales, guiados únicamente por el amor y el compromiso con su tierra natal.
Encabezando este proyecto está Juan de Dios Juárez Bocanegra, conocido cariñosamente como el Hermano Juan. Un hombre de múltiples oficios —carpintero, albañil, soldador y vendedor de elotes los fines de semana— que define su motivación con claridad: “Si el entorno te provee lo necesario para vivir, es justo devolverle ese favor con acciones positivas”.
Su convicción lo impulsó a convocar a otros residentes del ejido, y ahora lo acompañan Jairo Chavarría, Juan Javier Galván, Hermilo Jiménez, Juan Manuel Valero y Fer Chavarría, jóvenes originarios de la comunidad que se unieron sin dudar a esta causa altruista que, aunque no ofrece recompensa económica, sí brinda un fuerte sentido de identidad y pertenencia.
“En este primer año hemos construido una verdadera familia de trabajo. Nos llena de motivación ver cómo cada vez más personas desean integrarse y sumarse al esfuerzo por mantener limpias nuestras calles y espacios comunes”, expresan con orgullo.
Este grupo nace en respuesta a un problema que excede los límites del ejido: la acumulación persistente de basura en caminos, parcelas y áreas naturales. Según las palabras del Hermano Juan, esta situación no es exclusiva de Mayrán, sino un reflejo de costumbres arraigadas en la sociedad que requieren un cambio profundo y constante.
“Es realmente doloroso observar tanta basura acumulada. Aunque estamos en una zona desértica donde las acequias, pozos y corrientes de agua natural raramente fluyen, estos espacios deberían mantenerse limpios. Hacemos todo lo que está a nuestro alcance, aunque a veces el tiempo y los recursos no son suficientes, mantenemos el compromiso firme”, explica con cierto pesar.
El problema, destaca, tiene su raíz en la educación diaria: “Si aprendemos en casa a dejar la basura tirada, esa conducta se reproduce afuera y se vuelve un hábito difícil de romper”.
Las jornadas de limpieza no son sencillas. Implican extensas caminatas bajo el sol con herramientas propias como palas, azadones, rastrillos y recipientes. Los gastos, desde combustible hasta instrumentos, salen de sus propios bolsillos. En ocasiones reciben pequeñas donaciones de vecinos, que les permiten cubrir necesidades básicas como agua o alimentos durante las jornadas de trabajo.
Sin embargo, los resultados ya son visibles. Han limpiado grandes áreas del ejido, especialmente la carretera principal que ahora muestra una imagen renovada y mucho más acogedora.
“Comenzamos limpiando los bordes del camino y al ver la transformación fuimos impulsados a continuar y no detenernos”, recuerdan con entusiasmo.
Tiempo dedicado al bien común
Aunque la mayoría cuenta con empleo y responsabilidades familiares, logran encontrar espacios para dedicar tiempo a esta labor voluntaria. “Es un esfuerzo significativo, pero cuando se trata de hacer el bien, siempre se encuentra tiempo disponible”, comentan. Reconocen que queda mucho por hacer, pero afirman que cada bolsa de basura recogida representa un avance hacia una comunidad más consciente y comprometida.
Además de recoger basura, el grupo persigue un objetivo preventivo. Están impulsando la creación de un tiradero ejidal organizado donde se pueda separar y reciclar adecuadamente los residuos. También proponen la instalación de contenedores en las calles, señalización que invite a no tirar basura y, en una etapa futura, un sistema comunitario de recolección de desechos.
Sin embargo, su mayor apuesta es en la educación ambiental. Buscan llevar charlas a escuelas y encuentros vecinales para generar conciencia sobre el impacto que la basura tiene en el entorno y la salud pública.
“La clave está en la comprensión de la gente. Sin esa conciencia colectiva, es imposible avanzar realmente”, alertan contundentemente.
Aunque el equipo aún es pequeño, el interés por integrarse crece cada día. Los niños del ejido comienzan a observar y a imitar estas acciones, una clara señal de que la transformación cultural está en proceso y va más allá de las personas involucradas directamente.
“Aquí todos son bienvenidos y nadie está de más. Si alguien desea unirse, nuestra puerta está abierta y tenemos camisetas para todos”, dicen orgullosos sobre su distintiva casaca amarilla que, aclaran, no representa ningún partido político, sino el compromiso ciudadano.
Para ellos, la lucha contra la basura no termina con la recolección: mantener limpio es también una forma de ayudar y cuidar el entorno.
“Un papel, una botella o cualquier residuo contaminan. No cuesta nada conservarlos unos momentos hasta encontrar el lugar adecuado para desecharlos”, insiste el Hermano Juan con convicción.
La limpieza trasciende lo visible y tangible: representa bienestar físico, salud ambiental e incluso paz emocional. “Un espacio limpio genera tranquilidad; cuando estás en un lugar ordenado, la sensación es mucho mejor”, reflexionan.
La cultura de la limpieza
Esta se define como el conjunto de valores, hábitos y prácticas que promueven la higiene, el orden y la salud en ámbitos personales y colectivos. No se limita sólo al cumplimiento de normas, sino que implica un compromiso consciente con el entorno, favoreciendo la mejora en la calidad de vida, la prevención de enfermedades y una convivencia más armoniosa.
Conforme más personas se suman, el movimiento crece y se fortalece, apuntando a un futuro más limpio, saludable y solidario para toda la comunidad.