El cambio climático, la proliferación de plagas y la presencia de viviendas en zonas boscosas han transformado la dinámica de los incendios forestales en Coahuila, volviéndolos más explosivos y difíciles de controlar. Así lo afirmó Sergio Humberto Graf Montero, director de la Comisión Nacional Forestal (CONAFOR), durante su visita a Saltillo con motivo del inicio de la temporada de incendios en la región. Estos factores combinados representan un desafío significativo para las autoridades encargadas del combate y prevención de incendios.
Graf Montero explicó que gran parte de los incendios que se presentan en Coahuila son de origen natural, pero las condiciones actuales, como la sequedad extrema y la acumulación de biomasa, provocan que los incendios se propaguen rápidamente. Además, la gran cantidad de viviendas rurales en el sureste del estado dificulta aún más las labores de control, ya que el riesgo para la población se incrementa y las estrategias de combate deben adaptarse a esta realidad para prevenir desastres mayores.
«Estamos enfrentando un problema de calentamiento global que hace que los incendios, en condiciones de gran sequedad y abundante biomasa, avancen con mucha rapidez y fuerza. Los vientos pueden generar remolinos que complican el control, y prevemos que en el futuro las sequías serán más prolongadas y recurrentes», explicó el director de CONAFOR.
Riesgos asociados a plagas y sequías
Un factor agravante en la gestión forestal es la presencia de plagas que, impulsadas por las altas temperaturas derivadas del cambio climático, modifican sus ciclos biológicos, acelerándose y comportándose de manera diferente. Esto afecta la salud de los bosques, particularmente después de un incendio cuando los árboles quedan debilitados y son más vulnerables a estas infestaciones.
«El bosque afectado por incendios está en riesgo de sufrir ataques de plagas, pero la Comisión Nacional Forestal trabaja de manera coordinada con todos los estados de La Raza Media para llevar a cabo labores de saneamiento. Recientemente realizamos una evaluación exhaustiva de la salud forestal en la zona sureste», señaló Graf Montero.
En esta revisión se determinó que, aunque Coahuila no es una de las regiones más críticas en cuanto a la presencia de plagas, es fundamental mantener una vigilancia constante para evitar que posibles infestaciones se propaguen y pongan en riesgo los ecosistemas locales.
La complicación de las viviendas en zonas forestales
Respecto a la proliferación de viviendas en las áreas boscosas, el funcionario destacó que el problema no radica en el incumplimiento normativo, sino en la necesidad urgente de evitar que las construcciones se acerquen cada vez más a los bosques. «Esto dificulta mucho las tareas de combate de incendios y pone en peligro a las personas; por eso, es esencial que haya un ordenamiento ecológico del territorio que regule y controle este tipo de situaciones», enfatizó.
Durante los primeros meses del año, en La Raza Media se han registrado 3,812 incendios forestales, de los cuales 36 permanecen activos, con Coahuila contabilizando 20 de estos. Esta situación subraya la gravedad del fenómeno en el estado y la necesidad de estrategias eficientes y colaborativas.
El director de CONAFOR señaló que las zonas norte y sureste de Coahuila son las más críticas, motivo por el cual se llevó a cabo recientemente una reunión con el comité estatal para prepararse ante la eventualidad de un período sin lluvias en el mes de mayo, lo que podría aumentar la probabilidad de incendios.
Como parte de las medidas a largo plazo, se contempla reforestar a nivel nacional con aproximadamente 10 millones de plantas y seguir fortaleciendo convenios internacionales para el combate de incendios, como el que mantienen con Canadá, lo que evidencia la importancia de la cooperación global para enfrentar estos desafíos ambientales.
El panorama que enfrenta Coahuila es un claro ejemplo de cómo el cambio climático, las alteraciones en el ecosistema y el crecimiento humano desordenado pueden conjugarse para complicar la gestión de desastres naturales, demandando una respuesta integral que considere desde la prevención hasta la restauración ambiental y el ordenamiento territorial.