Al cierre del 25 de marzo de 2026, México ha acumulado un total de 14 mil 481 casos confirmados de sarampión, según el último reporte de la Secretaría de Salud. Este dato representa un aumento de 151 contagios en apenas 48 horas, en comparación con los 14 mil 330 casos reportados el 23 de marzo, lo que evidencia la persistencia del brote y su rápida evolución.
Durante el mismo periodo, los casos probables ascendieron de 35 mil 499 a 35 mil 886, sumando 387 casos adicionales. Mientras tanto, los casos en investigación han disminuido de 5 mil 508 a 5 mil 216, lo que refleja un avance en la clasificación definitiva de las muestras analizadas. Además, la cifra de casos descartados creció de 15 mil 661 a 16 mil 189, con 528 registros nuevos, mostrando la eficacia en los procesos de diagnóstico.
El virus del sarampión sigue presente en las 32 entidades federativas y en 451 municipios del país, situación que confirma una transmisión sostenida mientras que no hay cambios en la extensión territorial afectada. La letalidad se mantiene en 35 decesos desde el último corte epidemiológico, con Chihuahua registrando el mayor número de fallecimientos (21), seguido por Jalisco con cuatro, Durango y Ciudad de México con dos cada uno, y Sonora, Michoacán, Tlaxcala, Chiapas, Guerrero y Sinaloa con uno por entidad.
En cuanto a la dinámica del brote, Jalisco continúa siendo el principal epicentro durante 2026, concentrando la mayoría de los nuevos contagios nacionales con un aumento de 91 casos en dos días, pasando de 5 mil 242 a 5 mil 333 infectados confirmados. Por otro lado, Chihuahua mantiene una transmisión más lenta y estable, con 4 mil 542 casos sin variación reciente.
Distribución geográfica de los casos confirmados
El crecimiento del brote se observa también en otras entidades, aunque con incrementos más moderados. Ciudad de México reportó un aumento de 657 a 672 casos, Chiapas de 910 a 919, Guerrero de 355 a 356 y Sinaloa de 345 a 347. Sonora pasó de 295 a 300 contagios, Estado de México de 257 a 262, Durango de 222 a 226, Puebla de 192 a 202, Quintana Roo de 119 a 124, Coahuila de 65 a 69, Querétaro de 49 a 50, Nuevo León de 48 a 50 y Baja California de 47 a 48. En tanto, otras entidades no presentaron cambios recientes, reflejando diferencias regionales en la velocidad de transmisión.
En términos acumulados, Jalisco y Chihuahua encabezan la lista con 5 mil 333 y 4 mil 542 casos respectivamente, seguidos por Chiapas con 919, Ciudad de México con 672, Michoacán con 396, Guerrero con 356, Sinaloa con 347, Sonora con 300, Estado de México con 262, Durango con 226 y Puebla con 202 casos confirmados. En un segundo nivel, Quintana Roo tiene 124 casos, Colima 121 y Tabasco 92, mientras que las demás localidades mantienen cifras menores pero con circulación viral activa en todo el país.
Letalidad y gravedad del brote
La tasa de letalidad nacional se mantiene baja, pero constante, situándose en 0.24% con 35 defunciones confirmadas frente a los más de 14 mil contagios. Sin embargo, a nivel estatal existen disparidades. Chihuahua, aunque con mayor número de muertes, presenta una tasa proporcional menor en relación con sus contagios.
Ciudad de México muestra una tasa de letalidad relativamente alta de 1.16%, seguida por Guerrero con 1.05% y Chiapas con 0.67%. Por otra parte, Jalisco, a pesar de ser el epicentro, exhibe una letalidad baja de apenas 0.04%, lo que sugiere diferencias significativas en la severidad clínica y en el acceso oportuno a tratamientos médicos efectivos.
Incidencia del sarampión por grupo de edad
El análisis epidemiológico destaca que los niños entre 1 y 4 años concentran el mayor número de casos, incrementándose de 1 mil 882 a 1 mil 894 en los últimos días. Le siguen los adultos jóvenes de 25 a 29 años, que pasaron de 1 mil 683 a 1 mil 708 casos, así como los menores de 5 a 9 años, con un aumento de 1 mil 663 a 1 mil 677 infectados. La tasa más alta de incidencia se registra en los menores de un año, con 70.56 casos por cada 100 mil habitantes, confirmando su vulnerabilidad ante el virus.
La distribución por sexo se mantiene equilibrada, con un 51% de los casos en hombres y un 49% en mujeres. El reciente aumento de 151 contagios confirma que la epidemia sigue en fase activa, con circulación viral constante en prácticamente todo el país, destacando Jalisco como el núcleo central del brote.
Riesgos en personal médico vacunado
Estudios recientes han demostrado que incluso el personal sanitario con esquemas completos de vacunación, incluidas las dosis de refuerzo, puede infectarse de sarampión en formas leves. Esta situación se atribuye a la disminución progresiva de la inmunidad inducida por la vacuna con el paso del tiempo, un fenómeno respaldado por evidencia científica.
Una investigación publicada en la revista científica Vaccine, liderada por Celia M. Alpuche-Aranda del Instituto Nacional de Salud Pública, encontró que la seroprevalencia de anticuerpos neutralizantes en México es de 82.4%, por debajo del 95% necesario para interrumpir la transmisión comunitaria. Los niveles más bajos de protección se detectaron en adultos jóvenes y de mediana edad, grupos con esquemas completos de vacunación, evidenciando que la cobertura no garantiza inmunidad efectiva.
Los autores sostienen que «la disminución de la inmunidad inducida por la vacuna podría explicar esta diferencia», señalando que el deterioro progresivo de la protección es un factor clave para entender la vulnerabilidad de ciertos grupos de edad a pesar de haber recibido las vacunas.
El declive de la protección inmunológica
La disminución de la inmunidad no se traduce solo en menos anticuerpos, sino que es un proceso inmunológico complejo en el cual la protección evoluciona con el tiempo. Tras la vacunación, el sistema inmune genera una respuesta robusta, pero sin exposición continua al virus, esta protección natural va decayendo fisiológicamente.
En México, donde la circulación viral estuvo interrumpida durante años, los refuerzos naturales que mantenían elevados los niveles de inmunidad se eliminaron, dependiéndose exclusivamente de la memoria inmunológica generada por la vacuna. Sin embargo, dicha memoria, aunque persistente, no siempre impide la infección.
Este fenómeno involucra una reducción progresiva en la cantidad y funcionalidad de los anticuerpos neutralizantes y en la calidad de la respuesta inmune, lo que puede disminuir la capacidad para evitar la entrada y replicación del virus en etapas tempranas de la infección. El descenso es variable según tiempo desde la vacunación, edad, dosis recibidas y antecedentes epidemiológicos individuales.
La literatura científica y el propio estudio coinciden en que este decaimiento puede observarse entre 10 y 15 años posteriores a la segunda dosis, con una notable variabilidad entre personas, explicando por qué en algunos el virus puede causar infecciones, aunque usualmente en formas menos graves.
Además, el tiempo trascurrido desde la vacunación es un factor decisivo para la pérdida detectable de anticuerpos, lo que incrementa la susceptibilidad en ciertos grupos de la población.
Infecciones en personas vacunadas y desafíos epidemiológicos
Este mecanismo inmunológico explica la posibilidad de infección en personas vacunadas, incluso con esquemas completos. Se han registrado al menos 10 casos en personal sanitario en primera línea que contrajeron sarampión, a pesar de estar vacunados y usar protección facial, un reflejo del funcionamiento esperado de la vacunación.
La vacuna no solo reduce la probabilidad de infección, sino que también modula la evolución clínica del sarampión al activar la memoria inmunológica que controla la replicación viral y previene complicaciones graves. No obstante, la progresiva reducción de anticuerpos puede generar grupos susceptibles que faciliten la reemergencia del virus.
El estudio advierte que la baja seroprevalencia en adultos jóvenes puede facilitar nuevos brotes ante la introducción de casos, especialmente cuando la inmunidad colectiva no es suficiente para detener la transmisión. Por ello, se debe fortalecer la vigilancia epidemiológica y considerar estrategias de refuerzo vacunales dirigidas a poblaciones específicas para evitar la escalada del brote.
En respuesta a esta situación, en Durango se han aplicado más de 470 mil vacunas contra el sarampión, contribuyendo a que no se reporten nuevos casos de contagio recientes, un ejemplo del impacto positivo de las campañas de vacunación.