La desesperación y el dolor son sentimientos que no entienden de política ni de conflictos armados; para las madres buscadoras en Sinaloa, lo único que importa es encontrar a sus hijos desaparecidos. Su lucha trasciende intereses gubernamentales, enfrentamientos entre grupos criminales o acusaciones internacionales; ellas persisten en la búsqueda, aferradas a la esperanza de recuperar a sus seres queridos, sin importar quién esté en el poder.
La jornada de búsqueda que acompañó La Raza Media inició muy temprano en Culiacán, de donde partió una caravana integrada por elementos federales y locales: la Secretaría de Marina, el Ejército mexicano, la policía estatal, la Fiscalía General y la Comisión de Búsqueda. Tras una hora y media de recorrido por carretera, el destino fue un basurero irregular ubicado en Mocorito, junto a la autopista, un lugar cargado de violencia reciente que incluso había visto un enfrentamiento armado la noche anterior.
El paisaje desolado, marcado por el polvo, el calor abrasador, la basura, el hedor y las moscas, no detuvo la obstinada labor de las madres ni la intervención de palas y picos. La crudeza del escenario es un reflejo palpable del clima de inseguridad y violencia que persiste en esta región donde se entrelazan disputas territoriales entre grupos como Los Mayos y Los Chapos, que han sumido a Sinaloa en un conflicto prolongado.
«Esto es Sinaloa», expresó María Isabel Cruz Bernal, líder del colectivo Sabuesos Guerreras y madre de Josimar, un policía municipal desaparecido hace nueve años. Ella ha encabezado estas búsquedas en medio de un contexto estatal marcado por el narcotráfico y la falta de atención oficial. «Sinaloa siempre ha sido considerado un narcoestado; las voces de los sinaloenses nunca fueron escuchadas. Solo con una orden desde el extranjero se logró abrir esta problemática al público».
María Isabel continúa con firmeza: «No existe una verdadera investigación. Tenemos un gobierno que no actúa, y esto preocupa profundamente, porque somos las personas comunes las que sufrimos las consecuencias de la ineficiencia y la mala coordinación institucional. Las estrategias de seguridad simplemente no están funcionando».
El contraste entre las cifras oficiales y la realidad en terreno es alarmante: la Fiscalía General del Estado reporta cerca de 3,800 personas desaparecidas en la entidad, pero los colectivos estiman que la cifra negra —aquellas desapariciones no denunciadas por miedo a represalias— supera las 5,000 en apenas dos años de intenso conflicto entre cárteles.
«Siempre hemos sido esa voz crítica que señala lo que está mal hecho. Mientras los funcionarios se enredan en cambios de gobierno, renuncias y disputas internas, la desaparición de personas continúa sin pausa. Lo más triste es que siguen existiendo víctimas inocentes».
Evaluación de gestión: avances limitados en búsqueda pero deuda en seguridad
Con la licencia del gobernador Rubén Rocha Moya y la reciente asunción de Yeraldine Bonilla Valverde como gobernadora interina, los colectivos de búsqueda hacen un balance crítico de la administración actual. Reconocen fallas profundas, pero también apuntan algunos logros operativos que apuntan hacia un trabajo orientado a las víctimas.
«Nosotros hemos visto pasar gobiernos y seguimos aquí. Cuando Rubén Rocha asumió, solicitamos la creación del Centro de Resguardo e Identificación Humana, que ahora cuenta con tres sedes: norte, sur y centro», explica María Isabel.
«Estos centros ya están en funcionamiento, lo cual representa un avance significativo para nosotros, porque antes el Servicio Médico Forense no daba abasto. Sin ellos, la situación sería mucho peor».
No obstante, añade con dureza: «El gobierno nos debe mucho en materia de inseguridad, honestidad y en todos los aspectos».
Sobre el inicio del gobierno interino, la opinión de los colectivos es clara y crítica:
«Esta administración habría empezado con buen pie si no hubiera comenzado con hechos violentos; lamentablemente, desde el primer día la violencia se manifestó. Y si dice que continuará el legado anterior, entonces seguirán repitiéndose los mismos problemas under esa gestión».
A pesar de las condiciones adversas, las búsquedas continúan incesantes. Tras cuatro horas de arduo trabajo en el basurero de Mocorito, las madres hallaron una posible fosa oculta bajo escombros y ladrillos, y aunque solo encontraron un par de tenis, para María Isabel este hallazgo no es en vano.
«Me voy tranquila porque pude dar esperanza a una familia que estaba desesperada, alguien que dudaba en venir creyendo que no habría resultados. Le insistí que debía acompañarnos, porque su presencia era fundamental y le dije que cancelaría la búsqueda si ella no estaba. Ahora se va con otra perspectiva, con una luz de esperanza».
El compromiso es contundente: las buscadoras prometen regresar a este sitio, con expectativas de que la maquinaria pesada pueda remover la tierra profunda y revelar lo que la violencia oculta bajo el suelo sinaloense.
Así fue la búsqueda | Video
En medio de un escenario en el que la DEA continúa investigando a Los Chapitos y donde la administración local enfrenta retos críticos, la lucha de estas mujeres simboliza la resistencia frente a la impunidad y la violencia que ha marcado a Sinaloa. La esperanza de encontrar verdad y justicia impulsa cada paso que dan, recordándonos la urgencia de atender esta tragedia humana con responsabilidad y sensibilidad.