El obispo de la diócesis de Torreón, Luis Martín Barraza Beltrán, ha expresado una reflexión profunda y crítica respecto a las desapariciones forzadas en México. Enfatiza que, aunque tanto el gobierno como las familias pueden presentar sus propias estadísticas, la verdad real y concreta sobre estas tragedias la poseen únicamente los familiares de los desaparecidos, quienes sufren diariamente la ausencia de sus seres queridos y el compromiso de buscar una verdad histórica que les otorgue algo de paz y justicia.
Durante el primer trimestre de 2026, Coahuila reportó nueve nuevas desapariciones y Durango treinta y siete, cifras alarmantes que reflejan la gravedad del problema. A raíz del informe emitido por el Comité Contra la Desaparición Forzada (CED) de la ONU, que consideró que este fenómeno podría constituir un crimen de lesa humanidad en México, el gobierno federal respondió rechazando el informe y calificándolo de tendencioso, argumentando que omitía avances y medidas implementadas por la administración actual.
“Escuchar a las familias es esencial porque son ellas quienes tienen el corazón puesto y conocen a las personas que faltan. Es imprescindible apoyar y acompañar estas iniciativas, pues los colectivos ya cuentan con sus propias metodologías, programas y agendas que han avanzado considerablemente en este tema. Ellos poseen la realidad en sus manos y deben ser escuchados. Por otro lado, las autoridades que manejan las cifras a menudo ofrecen diferentes interpretaciones o lecturas. Contra los hechos concretos no hay argumentos, aunque cada quien sostenga que tiene datos duros. No obstante, creo que los datos más sólidos y hechos reales los tienen los familiares de los desaparecidos, por lo que deben participar activamente en estas reuniones.”
El diálogo con el líder religioso cobra especial relevancia considerando la historia de la Iglesia Católica en acompañar a las víctimas, como ocurrió en Torreón durante períodos de violencia extrema. En 2009, bajo la impulsión del entonces obispo de Saltillo, Raúl Vera López, se creó la organización Fuerzas Unidas por Nuestros Desaparecidos en Coahuila, que más tarde se expandió a nivel nacional con Fundem (Fuerzas Unidas por Nuestros Desaparecidos en México), dedicada a proporcionar apoyo a las familias afectadas.
«Espero que este proceso genere una mayor atención hacia los colectivos de familiares. En cuanto a los informes de organismos nacionales e internacionales, siempre habrá quienes critiquen basándose en sus propias lecturas o intereses, pero las familias sólo buscan conocer la verdad sobre lo que ha ocurrido con sus seres queridos desaparecidos.»
Acompañamiento a las familias de desaparecidos
Ante la pregunta sobre cómo la comunidad, ya sea laica o religiosa, puede brindar respaldo a estas familias, el obispo insistió en la importancia de un acompañamiento sin juicios ni estigmatizaciones que revictimicen a quienes ya sufren un profundo dolor.
«Es fundamental evitar revictimizar o emitir calificativos hacia las familias. Debemos suspender todo juicio y acercarnos a ellas con respeto y empatía, reconociendo su dolor y su búsqueda desesperada por respuestas. Si no podemos ofrecer ese apoyo genuino y sin prejuicios, es preferible mantener la distancia para no causar más daño.»
«Apoyar en lo que se pueda, incluso sólo con la presencia cercana y la escucha atenta, es crucial. En la pastoral, la labor principal es estar presentes sin necesidad de palabras superfluas. He reconocido mi propia limitación para encontrar consuelo adecuado, pues a veces frases comunes como ‘Déjaselo a Dios’ pueden ser percibidas como un golpe para quienes sufren. No existe mala intención en quienes pronunciamos estas palabras, pero sí debemos ser cuidadosos.»
Barraza Beltrán señala que en situaciones como estas es muy fácil decir algo inoportuno o insensible, por lo que recomienda como base la oración, la comprensión profunda y el acompañamiento cercano como las formas más humanas de apoyo.
Respecto al contexto de crisis humanitaria que México enfrenta, donde las cifras de desaparecidos aumentan y la migración latinoamericana hacia Estados Unidos continúa siendo intensa, el obispo reiteró que el rol de la Iglesia es fundamental para estar presente y acompañar a todos los afectados, más allá de la disputa por estadísticas.
“Existe una contienda por las cifras, y entrar a discutir números suele polarizar y politizar el problema. Por ello, mejor dejamos de lado los números y nos enfocamos en la realidad humana: familiares y colectivos que viven un dolor profundo. La Iglesia debe ser como una madre para todos, no solo para los bautizados, sino para cualquier persona que sufra, acompañando con cercanía y compasión. El manejo de las estadísticas debe quedar en manos de otros.»
El obispo destacó que esta actitud busca una postura neutral que evite la polarización y promueva la unidad social para visibilizar y denunciar los abusos a los derechos humanos, defendiendo siempre la dignidad de las personas.
Finalmente, reflexionó que las familias de desaparecidos no sólo sufren la pérdida de un ser querido, sino que muchas veces esa pérdida se produce con una crueldad marcada, y que pese a las diferencias entre algunos colectivos, la Iglesia intenta mantenerse presente, reconociendo en cada desaparecido la imagen de Cristo, un símbolo de esperanza y dignidad humana.