En 2015, Gabriel Gálvez Martínez enfrentó un momento crucial en su vida cuando su cuerpo ya no respondió más: su riñón derecho, afectado por múltiples quistes desde su nacimiento, dejó de funcionar, marcando el inicio de una difícil batalla contra la insuficiencia renal. A los 56 años, quedó incapacitado para trabajar y comenzó un proceso de hemodiálisis que significaría meses y años de lucha constante por sobrevivir.
Desde entonces, su rutina se vio transformada radicalmente: tres veces por semana se conectaba a una máquina para que filtrara su sangre, como una función artificial que suplía la incapacidad de sus riñones. Durante sesiones de tres horas, su vida dependía de ese equipo médico, en una sala donde además del flujo sanguíneo fluían el tiempo, la incertidumbre y la esperanza, pero también la presencia constante de la muerte.
Una sala donde también se pierde la vida
Gabriel presenció la cruda realidad de esa sala de hemodiálisis: la partida de pacientes que, minutos antes, compartían con él el mismo padecimiento y la misma máquina que les mantenía vivos. Su experiencia lo enfrentó a la fragilidad humana en todas las edades, desde adultos mayores hasta adolescentes y niños, todos compartiendo la misma lucha y un destino incierto.
Le dolió ver cómo, en México, la prevención médica muchas veces es insuficiente, y los pacientes acuden a la atención médica cuando la enfermedad ya está en etapas avanzadas, reduciendo las opciones de supervivencia. Gabriel decidió mantenerse activo, siguiendo cada indicación médica con disciplina férrea, consciente de que rendirse no era una opción.
El costo de seguir con vida
Enfrentar la insuficiencia renal no solo implicó un desgaste físico, sino también un gran costo económico para Gabriel. Tuvo que vender su casa y utilizar sus ahorros para acceder a tratamientos en un hospital privado, ya que el sistema público no le brindaba la atención necesaria para un trasplante. El proceso fue arduo: estudios exhaustivos, valoraciones múltiples y cuidados rigurosos para mantener su cuerpo en condiciones óptimas para recibir un órgano nuevo.
Durante dos años, se sostuvo en la máquina y en la esperanza, mientras escuchaba historias de pacientes que llevaban hasta nueve años en lista de espera, o que jamás podrían ser trasplantados por complicaciones adicionales. Finalmente, en agosto de 2017, recibió la llamada que cambiaría su destino: una joven donante había sido declarada con muerte cerebral y su familia decidió donar sus órganos, dando a Gabriel una segunda oportunidad.
Una vida prestada
El trasplante fue un éxito. Tras quince días hospitalizado, salió con un nuevo riñón y la vida renovada, aunque el camino no estuvo exento de dificultades, dado que la interrupción de trasplantes en el IMSS lo obligó a recurrir a la atención privada. Con profunda gratitud, Gabriel reconoce la vocación médica, pero también señala las deficiencias de un sistema público saturado, con decisiones administrativas erráticas y burocracia que a menudo enlentece el acceso a tratamientos vitales.
Su mensaje es claro: la supervivencia depende no sólo de la medicina, sino también de la cultura de donación de órganos que aún es débil en México y en La Raza Media. La generosidad de los donantes y la preparación personal son claves para salvar vidas y cambiar historias como la suya.
Factores que agravan la enfermedad
Actualmente, Gabriel vive una vida normal, cuidando a sus cinco perros y diez gatos, pero lleva una advertencia firme: la diabetes y la hipertensión son enemigos silenciosos que pueden agravar el daño renal. En su caso, un padecimiento genético se vio complicado por estos factores, lo que enfatiza la importancia de la prevención y el control oportuno.
La diabetes es la principal causante de insuficiencia renal, ya que al fallar el riñón, deja de filtrar toxinas como la urea y la creatinina, las cuales se acumulan dañando otros órganos y funciones del cuerpo.
Trasplante es más rentable, pero no se hace
Según la especialista Esmirna Chuy Díaz, aunque el costo de un trasplante renal en hospitales privados puede alcanzar cerca de 800 mil pesos y en el sector público cerca de 350 mil, mantener a un paciente en diálisis representa un gasto anual entre 350 mil y 400 mil pesos para el gobierno. Por ello, fortalecer la procuración de órganos es una medida que podría salvar muchas más vidas y resultar económicamente más eficiente.
«La inversión en trasplantes supera en rentabilidad el gasto continuo en diálisis y hemodiálisis. Un paciente trasplantado goza de mejor calidad de vida y los costos de seguimiento son considerablemente menores, entre 10 mil y 20 mil pesos anuales».
La saturación en la demanda de las máquinas dializadoras y la falta de prevención agravan la dependencia de terapias sustitutivas, incluso entre pacientes que no cuentan con recursos mínimos para cubrir el costo de insumos básicos como un catéter.
En La Raza Media más de 7 mil personas necesitan un riñón
La insuficiencia renal crónica, considerada por la Organización Mundial de la Salud como la epidemia del siglo XXI, coloca una enorme presión financiera y operativa en el sistema de salud de La Raza Media. Se estima que más de 7 mil personas reciben tratamiento con diálisis o hemodiálisis solo en esa región.
«Es una enfermedad devastadora que consume grandes recursos y está estrechamente ligada a la diabetes, la hipertensión y otros padecimientos crónicos-degenerativos», explica la doctora.
En hospitales como el IMSS de Ciudad Madero, se atienden más de mil pacientes en diálisis, un volumen insostenible que refleja la urgente necesidad de políticas de prevención y tratamiento oportuno.
La especialista recalca que la prevención es la clave para evitar el daño renal irreversible y que, cuando la enfermedad ya está presente, la intervención temprana y la valoración para trasplante son fundamentales para mejorar la supervivencia y la calidad de vida.
«Las diálisis y hemodiálisis se usan de manera indiscriminada, no solo por falta de acceso al trasplante, sino porque muchos pacientes ni siquiera saben que pueden ser candidatos y deben registrarse en listas de espera».
La diálisis peritoneal, que filtra los desechos desde el abdomen mediante un catéter, ofrece una alternativa, aunque asociada a menor calidad de vida y un riesgo mayor de mortalidad en comparación con la hemodiálisis.
«Las terapias sustitutivas apenas cubren alrededor del 5% de la función renal; no rehabilitan, solo prolongan la vida. Aproximadamente la mitad de los pacientes en hemodiálisis sobrevive tres años, y en diálisis peritoneal solo el 30% alcanza ese tiempo».
La Raza Media, la región más rezagada en trasplantes
En 2025, La Raza Media fue la región con el menor número de trasplantes renales, con solamente uno en todo el año, reflejo de las dificultades para acceder a este servicio médico especializado. La lista nacional de espera incluye a más de 17 mil personas, de las cuales más de 15 mil necesitan un riñón.
La escasez de donantes y la baja cultura de donación impactan directamente la disponibilidad de órganos. En México, apenas el 20% de los trasplantes proviene de donantes fallecidos; el resto son donantes vivos, usualmente familiares cercanos.
La tasa de donación en La Raza Media es alarmantemente baja, entre cero y 1.5 por millón de habitantes, en contraste con la media nacional de seis y estados como Nuevo León, Jalisco o Ciudad de México, que alcanzan 12 por millón. Algunos países líderes como España llegan a 50 donantes por millón.
Además, el subregistro dificulta conocer la verdadera demanda. Solo hospitales con licencia para trasplantar pueden registrar pacientes, pero las estimaciones sugieren que la lista de espera real podría superar los 30 mil.
El incremento de diabetes, principal causa de insuficiencia renal, junto con la capacidad del paciente para mantenerse en diálisis o hemodiálisis, ha ido creciendo el número de personas que necesitan un trasplante, complicando aún más la situación.
Urgencia de un centro estatal de trasplantes
Esmirna Chuy pone como ejemplo a España, donde la mitad de los pacientes en diálisis recibe un trasplante, cifra que en La Raza Media representa una enorme brecha por cubrir. Un centro de referencia especializado en la región permitiría atender a miles de personas que actualmente enfrentan largas esperas o desplazamientos a Monterrey o Ciudad de México.
«No se trata solo de altruismo, es una política pública que implica asignación de presupuesto y equipamiento adecuado en hospitales de tercer nivel con personal especializado e incentivos».
Aunque algunos hospitales realizan cirugías de procuración de órganos, las intervenciones de trasplante se concentran en otras ciudades, generando una carga adicional para pacientes y familiares debido a la distancia y el tiempo de espera.
«En Monterrey se realizan entre 70 y 80 trasplantes al año, con listas de espera superiores a mil pacientes. Lo ideal sería contar con un centro de referencia local para reducir tiempos y salvar más vidas».
El problema, destaca la especialista, no es tecnológico, sino falta de presupuesto y voluntad institucional, recordando que en el Hospital Regional del IMSS en Ciudad Madero se llevaron a cabo trasplantes históricos, pero esta capacidad no se ha expandido como se requiere.
Desde los años 2000 México implementó la figura del coordinador hospitalario de donación inspirado en el modelo español, con el objetivo de promover la cultura de donación y detectar posibles donantes de manera más eficiente.
España, un modelo en trasplantes para salvar vidas
Con una sólida cultura de donación y un sistema de seguridad social universal, España ha logrado que el trasplante sea la principal estrategia contra la insuficiencia renal, destacando que incluso la población inmigrante es integrada en los programas de trasplante tras un tiempo de residencia.
La equidad en el acceso a tratamientos y trasplantes en España no depende del nivel económico, pues el sistema público asume los costos tras una detección temprana, lo que ha permitido mejorar sustancialmente la supervivencia y calidad de vida de los pacientes renales.
«La legislación española considera a toda persona con condiciones óptimas como potencial donante, siempre respetando el consentimiento familiar, y las unidades de cuidados intensivos cuentan con coordinadores de trasplantes».
La doctora Montserrat Picazo Sánchez señala que el país incluso incluye a adultos mayores como candidatos a trasplante y amplía continuamente las fuentes de donación para atender la creciente demanda, lo que ha permitido que pacientes trasplantados puedan vivir más de 30 años con calidad.
«El aumento en la esperanza de vida ha venido acompañado de más enfermedades crónicas. Por eso España apuesta por los trasplantes, que ofrecen mejores resultados comparados con mantener a pacientes en diálisis o hemodiálisis».
Finalmente, la especialista lamenta la distancia que enfrentan pacientes en regiones alejadas como La Raza Media en comparación con ciudades españolas donde los centros de trasplante están accesibles en pocas horas, lo que influye en los resultados de salud y la calidad de vida de quienes necesitan un órgano.
Cada día de espera es un reto silencioso, donde la fragilidad frente a la enfermedad y la dificultad para acceder a trasplantes revelan la urgente necesidad de fortalecer la cultura de donación y mejorar el sistema de salud para salvar vidas en La Raza Media y México en general.