El programa de Acción Diferida para los Llegados en la Infancia (DACA) enfrenta un aumento preocupante en los tiempos de espera para la renovación, lo que ha dejado a muchos beneficiarios en una situación precaria. Estos jóvenes, conocidos como «soñadores», enfrentan la falta de estatus migratorio activo y la imposibilidad de renovar sus permisos de trabajo, alimentación de miedos sobre detenciones y dificultades económicas.
Según un reporte reciente del Servicio de Ciudadanía e Inmigración de Estados Unidos (USCIS), entre octubre de 2025 y febrero de 2026, el tiempo promedio para procesar renovaciones de DACA se extendió a aproximadamente 70 días, un incremento notable en comparación con los cerca de 15 días manejados en el año fiscal 2025. Esta demora afecta directamente la estabilidad laboral de los soñadores y su tranquilidad personal.
El aumento en los tiempos de espera ocurre en un contexto de constantes debates y cambios legislativos alrededor del programa DACA, que protege de la deportación a miles de jóvenes migrantes que llegaron al país siendo niños. La falta de legislación definitiva y la incertidumbre sobre el futuro del programa contribuyen a la acumulación de solicitudes pendientes y a la extensión de los procesos administrativos.
El impacto de estas demoras es profundo: muchos soñadores se quedan sin empleo por no poder renovar a tiempo sus permisos laborales, lo que a su vez afecta su sustento económico y bienestar familiar. Además, la ausencia de estatus legal renovado los hace vulnerables a la detención, aumentando su ansiedad y estrés ante un futuro incierto.
Expertos y organizaciones que apoyan a los beneficiarios de DACA han expresado preocupación y urgencia para que USCIS agilice los procesos y que se promuevan soluciones legislativas que aseguren la continuidad y estabilidad de este programa. Recomiendan a los soñadores mantenerse informados, renovar oportunamente y buscar asistencia legal para enfrentar estos retos.
En vista de la situación actual, el panorama para muchos soñadores sigue siendo incierto. Sin embargo, la comunidad y defensores de los derechos migratorios continúan trabajando para proteger a estos jóvenes, exigiendo mejoras en los procedimientos y un apoyo más sólido que les permita seguir contribuyendo al país sin el temor constante a perder su estatus o ser detenidos.