Con el conflicto en Irán en curso, surgen interrogantes sobre los posibles efectos que podrían sentirse localmente y el momento en que estos se manifestarían. Ricky Volpe, profesor de Agronegocios en Cal Poly especializado en precios de alimentos, señala que todavía no se han percibido aumentos en los precios de los alimentos, pero anticipa que podrían empezar a notarse en un plazo de uno a tres meses.
Volpe enfatiza que, aunque es muy pronto para observar impactos concretos, tanto él como otros expertos del sector están atentos a las posibles repercusiones futuras. Su principal preocupación radica en el aumento de los precios de la energía, que provoca un efecto multiplicador afectando todas las etapas de la cadena de suministro alimentaria.
Para contextualizar el efecto en la base de esta cadena, Karson Wells, reportero de KSBY News, entrevistó a Tom Ikeda, un agricultor de tercera generación de la Costa Central. Ikeda destacó que el transporte de productos depende enteramente del combustible, ya que todo se traslada en camión y el trabajo en el campo requiere de combustible para los tractores. Mencionó que comparar con los métodos del tiempo de su abuelo, cuando se usaban caballos de tiro, es prácticamente imposible mantener la actual escala de producción.
En la Costa Central, los agricultores pueden cosechar durante todo el año; sin embargo, Ikeda coincide en que todavía es temprano para identificar un impacto considerable. Según él, la comunidad agrícola se encuentra en un «modo de espera» para observar cómo evolucionan los eventos y cómo afectarán la oferta y la demanda.
Aunque los efectos no son inmediatos, Volpe ofrece recomendaciones para ahorrar dinero en caso de que los precios empiecen a subir. Sugiere que los consumidores pueden optar por sustituciones en sus compras, destacando la importancia de los alimentos a granel, cocinar en casa, emplear ingredientes simples y seleccionar marcas privadas. Estos métodos permiten notar más claramente las diferencias de precio en el supermercado.
Volpe aclara que cuando los costos de energía y laboral aumentan, los alimentos envasados, preparados y con código UPC, que suelen encontrarse en los pasillos centrales del supermercado, son los más afectados. Estos productos, que incluyen cereales para el desayuno, condimentos y comidas congeladas, experimentan incrementos de precio más rápidos en comparación con los productos frescos ubicados en los perímetros de la tienda.
En resumen, aunque por ahora el impacto del conflicto en Irán sobre los precios de los alimentos no es palpable, expertos y agricultores están vigilantes ante posibles aumentos que podrían afectar desde la producción hasta el consumidor final. En caso de subida de costos, adaptar los hábitos de compra y consumo podría ser clave para mitigar el impacto económico.