Una cliente del banco Banamex, originaria de Tampico, Tamaulipas, ha hecho pública una denuncia por presunto maltrato y acusaciones injustificadas de lavado de dinero en la sucursal número 25 ubicada en El Pueblito, en el municipio de Corregidora, Querétaro. Este episodio ha generado gran indignación debido a la naturaleza discriminatoria del trato recibido y el impacto que tuvo sobre su integridad y experiencia como usuaria bancaria.
La mujer, quien decidió mantener su identidad en el anonimato, relató cómo fue discriminada únicamente por su lugar de procedencia mientras realizaba un trámite común, mostrando únicamente su credencial de elector. Sin prever lo que sucedería, fue intimidada, acusada injustamente y expuesta públicamente ante el personal masculino del banco, lo que le causó una profunda indignación y temor.
En el contexto del Día Internacional de la Mujer, ella presentó una queja formal detallando múltiples irregularidades y defectos en la atención brindada en esa sucursal. Narró que llegó a temer por su seguridad física cuando fue casi forzada a salir de las instalaciones por dos hombres —el gerente y el cajero— quienes parecían estarla vigilando constantemente y actuaron de manera hostil durante todo el proceso.
Su problema inicial surgió cuando enfrentó dificultades para realizar transferencias desde su banca móvil. Al acudir a la sucursal, fue atendida por una empleada llamada Laura, quien le recomendó abrir una cuenta Priority de cheques para facilitar el manejo de un pago laboral de $321,900.00 relacionado con la compra de un vehículo Mazda financiado a través de crédito con descuento por nómina del IMSS.
Aunque recibió un contrato y una tarjeta, no se le entregó una chequera física. Al día siguiente, depositó un cheque del IMSS con la ayuda de la misma empleada, quien le aseguró que el saldo aparecería reflejado después del mediodía. Sin embargo, al intentar transferir el dinero para liquidar el pago del automóvil en la agencia correspondiente, la operación fue repetidamente rechazada sin explicación clara.
Al regresar a la sucursal, la banquera Eloderana Valerdi le comunicó que su cuenta estaba bloqueada por una sospecha de lavado de dinero, acusación que la clienta rechazó rotundamente, presentando sus estados de cuenta y la póliza de seguro del vehículo emitida por Quálitas con convenio IMSS para demostrar la legitimidad de los fondos. A pesar de su evidencia, la empleada persistió en mantener la sospecha infundada.
La situación se intensificó cuando el gerente tomó parte en el asunto, reafirmando la misma versión sin ofrecer una solución concreta. Finalmente, indicaron que la transferencia debía realizarse en ventanilla, lo que incurrió en un cargo por comisión que la clienta no había previsto, ya que inicialemente esperaba hacer la operación a través de la aplicación móvil sin costo alguno.
Durante toda la operación en ventanilla, el gerente y un cajero supervisaron de manera insistente, lo que la cliente interpretó como un acto de hostigamiento constante. Al manifestar su molestia por esta vigilancia, el gerente la calificó de «grosera» y se negó a atenderla en adelante, agravando aún más la situación ya conflictiva.
Para empeorar el trato, el gerente continuó acusándola injustamente de lavado de dinero argumentando que su credencial indicaba que era originaria de Tampico, Tamaulipas, lo que usaron para estigmatizarla. Además, llamó a seguridad para que fuera retirada del banco, alegando que no estarían dispuestos a brindarle atención, pese a que ella solo solicitaba un servicio básico como cualquier otro cliente.
Gabriela, madre de familia y trabajadora del gobierno con más de trece años como cliente de Banamex sin incidentes previos, describió el episodio como una violación flagrante de sus derechos tanto como usuaria del banco como mujer. Denunció haberse sentido discriminada por su origen tamaulipeco y humillada públicamente frente a otros clientes y familiares. También señaló que esta acusación falsa le provocó una crisis nerviosa que impactó directamente en su estabilidad emocional y, por ende, en el sustento de su familia.
Después de salir de la sucursal 25, Gabriela acudió a otra sucursal de Citibanamex, la número 4298 en Jardines de la Hacienda, donde recibió un trato respetuoso y profesional por parte de la empleada Ariana y el gerente, quienes lograron concretar el pago del vehículo en ventanilla. Además, ofrecieron disculpas por el mal servicio recibido previamente e incluso la invitaron a solucionar el problema de su cuenta móvil con un especialista bancario.
Ante estos hechos, la afectada solicita que se intervenga para obtener una explicación clara y coherente sobre el bloqueo injustificado en su banca móvil, la devolución de la comisión cobrada indebidamente, y que se realice una investigación exhaustiva sobre el trato discriminatorio y la acusación sin fundamento de lavado de dinero que sufrió.