En un acto simbólico pero significativo, se llevó a cabo el primer encuentro de therians en Acapulco, reuniendo a una decena de adolescentes que asistieron entre dudas y temores. Este evento, realizado en el parque de La Reina bajo la vigilancia y compañía de sus padres, representó una oportunidad única para que estos jóvenes compartieran su identidad en un espacio público, aunque con gran cautela debido al miedo a posibles burlas o agresiones.
Aproximadamente a las cinco de la tarde, comenzaron a llegar los participantes, quienes tenían entre 12 y 17 años. Algunos estaban caracterizados con elaborados detalles artesanales, como orejas, colas y garras que representaban a perros, zorros y un oso, figuras animales que reflejan sus identidades therian. Sin embargo, no todos los asistentes se animaron a portar sus mascarillas o disfraces completos, evidenciándose una gran reticencia motivada por el temor a ser agredidos tanto física como verbalmente.
Este primer encuentro no logró consolidar una convocatoria masiva, y los jóvenes permanecieron dispersos en pequeños grupos, sin lograr una interacción más profunda o apoyo colectivo visible. La reunión, aunque breve y sin confrontaciones, pone en evidencia la vulnerabilidad que enfrentan estos adolescentes dentro del contexto social, donde la incomprensión y el rechazo pueden ser comunes.
Testimonio de una madre acompañante
Entre los presentes destacó Esther, madre de una niña de 11 años que se identifica como un perro. Ella acudió para acompañar a su hija y garantizar su seguridad e integridad durante el encuentro. Esther compartió que siempre ha permitido que su hija se exprese libremente, explicando que el interés por estas expresiones surgió a partir de la fascinación por los animes, que son personajes de animación japonesa conocidos por sus rasgos expresivos y diversas formas de caracterización.
“Es mi única hija y siempre la he dejado expresarse”, explicó Esther como motivo fundamental para su apoyo incondicional.
La madre observó que su hija ha desarrollado un particular gusto por representar a un perrito, señalando que esta forma de manifestación representa a una generación que busca construir su identidad a través de nuevas expresiones culturales y sociales.
“Ahora le llama la atención la caracterización de animales, especialmente la de un perrito”, comentó mientras miraba con orgullo a su hija.
Esther también destacó que estas nuevas manifestaciones forman parte de un proceso natural de expresión juvenil, comparable con movimientos anteriores como los hippies, emos y punketos, que definieron diferentes generaciones. Sin embargo, enfatizó la importancia de mantener siempre un respeto mutuo en estas expresiones.
“Cada generación ha tenido su forma de expresarse: los hippies, los emos, los punketos. Hoy, esta es la manera en que los adolescentes se manifiestan”, reflexionó.
Aunque apoya a su hija, Esther aclaró que ha establecido ciertos límites para asegurar que esta expresión se dé sin fanatismos ni daños a terceros.
“Siempre con respeto, sin fanatismos y sin dañar a los demás”, puntualizó.
Además, lamentó que, a pesar de que la convocatoria fue abierta, varios jóvenes decidieran abstenerse de mostrar sus caracterizaciones por miedo a ser blanco de agresiones físicas o sociales.
“Se nos acercaron chicas que venían sin máscara porque tenían miedo de que les arrojaran piedras o las lincharan”, relató Esther desde el parque con visible preocupación.
El encuentro transcurrió sin mayores incidentes, aunque con una atmósfera palpable de cautela y reticencia. Los asistentes permanecieron agrupados en pequeños clusters, alternando periodos breves de interacción, mientras algunos padres permanecían observando atentamente desde la distancia para velar por la seguridad de sus hijos.
Al concluir el evento, Esther hizo un llamado a la sociedad para que practique la empatía y la tolerancia hacia estas formas diversas de expresión juvenil, buscando un entorno más comprensivo y respetuoso.
“Es fundamental respetar las diferencias. No debemos hacer a otros lo que no quisiéramos que nos hicieran a nosotros”, concluyó con un mensaje de comprensión y respeto.
Este encuentro en Acapulco se suma a otras reuniones similares, como las celebradas recientemente en Tampico, así como a controversias en diversos municipios de La Raza Media donde se han prohibido este tipo de eventos en espacios públicos, reflejando un debate social en torno a la aceptación y visibilidad de comunidades alternativas como los therians.