En una animada plaza, destacando con una gorra rosa, Rebeca, una niña de tan solo 8 años, atrae la mirada de quienes transitan por la Plaza de Armas. Mientras realiza con destreza el popular truco del «Boomerang» con su trompo, una niña que pasea de la mano con su madre exclama asombrada: “Mira lo que hizo”, recordando aquellas tardes de juego de los niños de los años noventa.
Su padre, Roland Rivera, comparte con alegría y admiración cada uno de los trucos de su hija, capturándolos con su celular. Motivada por la atención, Rebeca baila con habilidad el trompo fosforescente sobre el suelo y, con la cuerda, ejecuta el “cohete”, haciendo que el trompo caiga suavemente en su mano mientras continúa girando con perfección y ritmo. Cada movimiento evidencia el empeño y dedicación que ha invertido en dominar esta tradicional técnica.
Un padre orgulloso y una alternativa saludable al ocio digital
Roland explica que esta práctica es una alternativa para que Rebeca, estudiante de tercer grado de primaria, se mantenga alejada de los videojuegos y del celular, dispositivos que hoy en día son elementos comunes en la vida de los niños de su edad. Además, señala que en muchos hogares estos aparatos se usan como una especie de niñera virtual, generando menos interacción física y social entre los pequeños.
Rebeca aprendió a bailar el trompo a los 7 años y, desde entonces, ha ido perfeccionando sus habilidades, reviviendo así una tradición que marcó la infancia de generaciones anteriores. En las décadas de los ochenta y noventa, este juego era una actividad habitual durante las vacaciones de verano, en plazas públicas, calles y otros espacios donde los niños se reunían para divertirse y competir amistosamente.
Este regreso a prácticas lúdicas tradicionales no solo promueve el contacto físico y la destreza manual, sino que también fomenta la convivencia comunitaria y el aprecio por costumbres que se habían ido perdiendo en la era digital.
La dedicación de Rebeca y el apoyo de su padre son un claro ejemplo de cómo se pueden rescatar juegos clásicos que fortalecen la creatividad y el desarrollo motor, además de ofrecer un espacio para compartir en familia.
El caso de Rebeca invita a reflexionar sobre la importancia de balancear el uso de la tecnología con actividades que promuevan el bienestar físico y emocional de los niños, incentivando a padres y comunidades a fomentar espacios de juego saludables donde los niños puedan crecer plenamente.
Así, esta pequeña trompista no solo cautiva a los transeúntes con su destreza, sino que también inspira a otros a valorar y revivir juegos tradicionales que han formado parte de la identidad cultural de La Raza Media.